Trazado del Q.·. H.·. Cándido Guzmán. Gr.33
En su Manual del Compañero, Aldo Lavagnini define al Aprendiz como un novicio dentro de la Orden. Uno que está aprendiendo un arte. En cuanto al Compañero, el lo identifica ahora con la práctica que lleva a cabo un futuro artista. Uno que practica el Arte Regio. Finalmente, al Maestro se le reconoce por el completo dominio de ese Arte.
En el Primer grado, se había sometido al candidato a una serie de pruebas a ser superadas. En este grado sin embargo la intención es la de instruirle en una amplia serie de doctrinas. Estas constituyen por cierto el corazón mismo del pensamiento masónico y convierten este grado en uno de los más importantes de todo el Simbolismo, y tal vez del Escocismo, pues sus enseñanzas resumen toda la Filosofía de la Orden en un sólo grado.
Esta instrucción comienza con un severo interrogatorio, en el que a cada candidato se le pide su opinión sobre aquellos cinco poderes máximos que tiene el alma humana. Esos son los cinco poderes de: Pensamiento, Instinto, Razón, Conciencia, y Voluntad. A cada pregunta que es planteada al candidato, le sigue la definición que le da ahora la masonería.
Esas definiciones constituyen entonces una muy valiente redefinición masónica del Hombre. Pues se están redefiniendo ahora los poderes potenciales que hay en desarrollo en un alma humana en evolución. Y al hacerlo nos alejamos de aquella filosofía Escolástica de la Edad Media, en la que la razón humana se suponía sujeta y supeditada a la fe! La filosofía de este segundo grado redefine al masón moderno como un hombre “ilustrado” y por ende libre por dentro. Se trata de uno que escoge sus propias creencias y su filosofía. Uno que apoyaría la filosofía martiana de que:
“Ser culto es el único modo de ser libre”
Estamos hablando entonces de un hombre muchísimo más complejo que aquel hombre medieval, al que se le atribuía una sola dimensión. Que era unidimensional; era una sola cosa. Ahora hablamos de un hombre que a los ojos de la masonería, está lleno de potencialidades y de sensibilidades. Uno que ha vuelto a ser -- "la medida de todas las cosas".
EL AUMENTO DE LA LUZ
Estando los candidatos ante el Ara, una orden del Venerable Maestro hace que el Maestro de Ceremonias baje las luces de la Logia. El enciende ahora dos estrellas adicionales en el Ara, y ante los asombrados ojos del candidato se ha formado un pentágono de luz, una espléndida Estrella de fuego de cinco puntas. Una que brilla en la mitad de un Templo en penumbra. Y él candidato ha sido testigo presencial de ello. Esa "Estrella Flamígera" de cinco puntas, define este grado en muchas formas y maneras. Desde el punto de vista del simbolismo, la Luz ya le ha sido aumentada al candidato! Pero esto es sólo una metáfora relativa al aumento de la verdadera Luz. La luz de su comprensión intelectual, así también como de su realización espiritual.
Las luces del Ara, se han convertido ahora en un imponente Pentágono. --- ¡¡Loor al eterno autor de la Luz!! Todo el taller ha sido puesto de pies y al orden de Aprendiz. Se dispara la batería de Aprendiz, en tanto que suena una música épica. Aparentemente, en ese instante el primer grado ha concluido para el candidato. El sabe ahora, que, llegado el momento cada hombre ha de conocerse y de hacerse consciente de su propio Dios interno. De su "Yo Superior".
EL TEMPLO MORAL Y LOS CINCO VIAJES
Ya sentado el Taller, se le muestra al candidato un cuadro que muestra la imagen de un Templo. Pero se le advierte que el mismo es simbólico. Pues el verdadero edificio a ser construido es un Templo Moral, pero en un plano que no es el físico. Pues con la ayuda de la Ciencia Sagrada, un constructor hábil siempre podrá levantar y acabar semejante monumento como el que se exige ahora en este grado: el de un hombre perfeccionado y espiritualizado. Uno cuya alma, tallada por él mismo hasta la perfección, se integrará a ese Templo que es alegórico de UNA SOCIEDAD PERFECTA! Hablamos de un hombre vertical, edificado a base de plomada y que al igual que la plomada apunte siempre hacia el centro de la tierra, hacia el Sol de la medianoche, ¡¡hacia a la Verdad!! De ahí la extraña lectura bíblica del grado, tomada del libro de del profeta Amós, Cap. 7:7- 8. Veamos:
"He aquí el Señor estaba sobre un muro hecho a plomo, y en su mano una plomada de albañil. Jehová entonces me dijo: ¿Que ves Amós? Y dije: Una plomada de albañil. Y el Señor dijo: He aquí yo pongo plomada de albañil en medio de mi pueblo Israel..."
Al entender de muchos hermanos cabalistas, los cinco pasos que elevan la energía del Iniciado, y con ello su nivel de conciencia, marchan a todo lo largo de la espina dorsal. Esos pasos lo han elevado ya hasta aquel centro energético, o chacra, que está asociado con la glándula tiroides, en la garganta. Desde hace siglos, la ciencia médica consideró esa glándula como “la plomada del cuerpo”, ya que sus hormonas controlan el crecimiento y desarrollo armónico de todo el cuerpo humano, ante todo de sus medidas y proporciones.
El proyecto de construcción moral de su vida, que le ha sido planteado al candidato, ha de requerir de siete herramientas simbólicas que están colocadas al pie del cuadro del Templo que le acaban de mostrar. Ellas representan siete aprendizajes que son necesarios. Estas herramientas las portarán en sus manos los candidatos en el curso de los cinco viajes misteriosos que habrán de dar en círculo alrededor del Ara. Entre otras cosas esos viajes resumen los cinco años en los que el Compañero trabajará sobre sí mismo. Veamos:
1. Viaje con el Mazo y el Cincel - Emblemáticos del Aprendiz, que se explora, se conoce y educa sus sentidos
2. Con el Compás y la Regla - Emblemáticos del Compañero que busca las leyes que rigen la Ciencia Sagrada, que es mental. Así como de la Virtud.
3. Con la Palanca - Emblemática del Compañero, quien abordará los proyectos mentales más grandes, complejos y trascendentes.
4. Con la Escuadra y el Compás - Emblemáticos de quien busca expandir el conocimiento de la Ciencia Mística.
5. Con la Llana - Emblemática de quien termina su edificación suavizando sus relaciones con los demás. (Este viaje se hace en retrogradación, o sea, viajando ahora en la dirección contraria).
LOS CINCO HÉROES
De ser un buen observador, cada candidato habría notado aquellos cinco viajes de un aparente ascenso en espiral. Esos viajes coinciden también con otros cinco elementos (y cinco colores) que ya eran visibles en Logia. Estaban al alcance de su vista. Pues el trono del Primer Vigilante, bajo quien ellos habrán de trabajar como Compañeros, se alza en logia sobre una plataforma de cinco gradas o peldaños sucesivos, cada uno mostrando un color diferente. Esa “escalinata” es otra forma de representar aquellos cinco viajes anteriores.
Si empezamos por el peldaño inferior, el mismo estará pintado de negro, como la Tierra (el cuerpo). El segundo peldaño estará pintado de azul, color del Aire (las ideas). El tercer peldaño, es blanco, color del Agua, (las emociones). El cuarto peldaño es rojo, color del fuego, (la compasión). El quinto peldaño es incoloro, el color de la quintaesencia, (la mente abstracta y la memoria). Esos peldaños y esos colores le añaden ahora toda una nueva dimensión y complejidad a los cinco viajes. Pero mientras en el primer grado él pasó por varias de esas pruebas que él habría de superar, en este grado a él se le han dado los medios para lograrlo y se le invita a llevar todo eso a la práctica.
En cuanto a los viajes ascendentes, a las herramientas y a los peldaños de colores, todos ellos están íntimamente relacionados entre sí. Aparentemente ellos conciernen a centros energéticos sutiles, o chacras, que son internos al hombre y que corren a lo largo de la espalda y de la espina del cuerpo humano. Por entre ellos se ha de alzar un día la divina energía Kundalini, que es llamada “la libertadora del Yogui”. Y aquella que lo ha de "iluminar".
Más interesante aun, en la Biblia, en el mal entendido libro del Apocalipsis, nos encontramos con la siguiente descripción de este mismo proceso subjetivo e interno del que nos está hablando este grado. Se trata de un libro escrito igualmente en forma velada y simbólica; tal como lo está nuestro ritual. Veamos:
"Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono, un libro (el cuerpo humano) escrito por dentro y por detrás (por la espalda y por la columna espinal) y sellado con siete sellos (los siete chacras)". "Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir con voz de trueno: Ven y mira" (Apoc. 5:1 y 6:1)
En el centro de ese otro drama iniciático, el del Apocalipsis, aparece un "Cordero" (el Iniciado) sentado sobre un trono (de iniciación), y a su derredor hay cuatro seres vivientes, o cuatro Zoas. Todos ellos juntos suman cinco. Masónicamente hablando, parecería que habláramos del Sol mismo, pero ahora rodeado por cuatro figuras animales, (astrológicas), correspondientes sin duda a aquellos dos solsticios y dos equinoccios del zodíaco, que son fases del Sol. Esas cuatro fechas solares son aquellas que en el curso del año hacen la “cuadratura” del ciclo zodiacal del Sol. Dentro del simbolismo bíblico, el Iniciado parece estar ocupando ahora el lugar del Sol; y se está sentando en su trono. Y quizás este es el sentido último de la gran Iniciación que se nos está insinuando aquí -- el de sumergirse uno mismo en el Sol Espiritual.
De regreso a nuestro ritual masónico, el Venerable Maestro procede entonces a señalarle ahora al candidato una maqueta de madera en forma de escalinata; una extraña escalera en espiral, la cual tiene cinco peldaños o gradas que cada candidato ha de subir. Es como si ahora la "visión" del candidato hubiese penetrado hasta lo más recóndito del Templo que le acaban de presentar en el cuadro. Esa escalinata parece ahora una forma distinta de describir el mismo proceso anterior; el de los viajes de circunvalación y el de los peldaños de colores. Repetidamente se dice en la Biblia que al lugar más sagrado del Templo de Salomón, el llamado Santo de los Santos, se ascendía igualmente por una escalera de caracol. (1ro.Reyes, 6:8)
De pronto, cada uno de los cinco peldaños de aquella escalera en espiral de la maqueta se ha iluminado ante los ojos del candidato, mostrando cada peldaño un letrero con el nombre de una virtud masónica necesaria para alcanzar lo que persigue este grado, acceder al corazón de nuestro propio Templo Interno. Pues, aparentemente en ese Sanctum Sanctorum habita Dios mismo. Los nombres de los cinco peldaños que él ha de ir ascendiendo son estos, comenzando desde abajo:
1. Inteligencia - Es la luz natural que ilumina la mente. Con ella formamos nuestro carácter, y también nuestra individualidad.
2. Rectitud - Que da permanencia y ecuanimidad a nuestro carácter.
3. Valor - Noble y firme intención del alma que nos da el impulso para vencer; y la fuerza para resistir.
4. Prudencia - Con ella prevemos y evitamos las cosas y circunstancias.
5. Filantropía - El amor por la humanidad. Es la máxima virtud. Vemos aquí de nuevo que Dios mismo es Amor. Y que este es el fundamento de toda Sabiduría. Estando el candidato en lo alto de la quinta grada el Venerable Maestro dirige ahora su atención hacia ese Templo que está representado en el cuadro. En el triángulo superior de su fachada brilla una espléndida Luz que no ciega. ¡Es la Gran Estrella Flamígera! Que tiene cinco puntas flamantes.
Aquí la filosofía del grado ha llegado al culmen de su significación. El candidato esta a punto de comprender uno de los grandes secretos de la Masonería: el de que en cada templo humano, o sea, dentro de cada uno de sus semejantes, él ha de intuir la presencia de esa Divinidad interna. Estamos hablando aquí de la DIVINIDAD DEL HOMBRE!! Un concepto muy temido por los religiosos. Esto obliga ahora al masón a comportarse de acuerdo a ese saber secreto; y viene a aclararle a él la profunda razón que subyace detrás de la inquebrantable Fraternidad masónica. Así como la obligación de ver cada otro ser como una forma misteriosa de si mismo. Simultáneamente, ese conocimiento arrojará luz sobre una de aquellas preguntas enigmáticas que le planteó la masonería en la noche de su Iniciación como Aprendiz:
¿Qué debe el hombre a los demás hombres?
LA GRAN ESTRELLA FLAMÍGERA
Lo primero que ha de entender el candidato es esto, que lo que el número tres fue para él como Aprendiz, lo será ahora el número cinco como Compañero. Siempre números impares. En realidad, el ser humano lleva escrito el cinco por dentro y por fuera, en muchas formas: Los poderes de su mente son cinco, como lo ha demostrado el grado. Todavía más, él posee cinco sentidos con los cuales él percibe la naturaleza y se comunica con ella. Tiene además cinco dedos en sus manos, y también en sus pies. Y la pregunta es esta: ¿Por que parece estar ese cinco como escrito por todo el hombre?
La figura misma de su cuerpo, está conformada por un tronco con cinco extremidades, (dos brazos, una cabeza y dos pies). Fue así como Leonardo DaVinci analizó el cuerpo del hombre, dibujándolo con forma de estrella dentro de un círculo. DaVinci lo hizo para demostrar así las proporciones divinas del cuerpo humano. El diseñó esa famosa gráfica, "el Hombre de Vetrubio", en homenaje al famoso arquitecto de la Roma antigua, que dejó dicho en sus escritos que un Templo a un dios romano se construía siguiendo las medidas y proporciones de un cuerpo humano. Pues en ese cuerpo estaba la célebre proporción llamada "sección áurea". Para DaVinci todo esto apuntaba en aquella dirección humanista enraizada en la antigüedad -- el Hombre es la medida de todas las cosas. Y ese principio parece estar implícito a lo largo y ancho de este segundo grado masónico.
BUSCANDO UNA ANTROPOLOGIA DE LAS ALMAS
En cuanto a la causa para que todo esto sea así, en la antigua cronología oriental, esta humanidad fue precedida en la noche de los tiempos por otras cuatro humanidades y cuatro civilizaciones mundiales, que ya han desaparecido sin dejar más rastro en nuestra Historia que la misteriosa diversidad racial y étnica que vemos hoy. Esto incluye a pueblos que no tienen explicación ni origen, ni en la Historia, ni en lo racial, ni siquiera en lo lingüístico.
Siguiendo la antigua cronología oriental, nos dice Helena Blavatsky, que en un principio las primeras de estas cinco grandes razas humanas estuvieron constituidas por seres con cuerpos intangibles y más bien espirituales! Ellas dejaron pocas huellas antropológicas. Sin embargo, gradualmente aquellos cuerpos sutiles de esas razas se fueron transformando e involucionando, condensándose y haciéndose más y más complejos y más sólidos. Por ello, de raza en raza, aquellas almas fueron reencarnando en formas cada vez más densas y más materiales; en cuerpos menos dignos y menos apropiados a sus espirituales seres internos. Al irse materializando sus cuerpos, esas razas, que fuimos nosotros mismos, fueron perdiendo la visión de su propia espiritualidad, que ahora resultaba imperceptible para ellos. Una de esas grandes razas, la cuarta, se dividió en una gran lucha interna entre aquellos que eran más espirituales, contra los más materialistas y ambiciosos, creando así una conflagración global. En esa lucha ellos llegaron a atropellar y a degradar toda la naturaleza, afectándola con sus pensamientos, sus deseos y sus enormes poderes síquicos. Este conflicto tuvo lugar tanto en los planos visibles de la naturaleza, como en los invisibles; y llegó hasta el punto en que aquel mar de viditas elementales que conforman la naturaleza y que la habitan, respondieron entonces en forma catastrófica. La naturaleza se volvió contra los hombres de esa raza. Ese terrible proceso de auto-destrucción comenzó en forma muy similar a lo que se está haciendo hoy en nuestros días.
El mismo guarda un curioso parecido con la idea bíblica de un gran Diluvio universal; también con lo que dice la milenaria tradición de los teotihuacanos y mayas de México, con su concepción mitológica de cuatro soles que habían brillado sucesivamente sobre cuatro humanidades, todas anteriores a nuestro Sol actual, que para ellos es un Quinto Sol.
También guarda un cierto parecido con un antiquísimo libro nuestro, que nos llegó escrito en idioma arameo, se trata del "Libro de Enoc", de origen no bien establecido, pero conocido en Babilonia y por todo el Medio Oriente en diversos idiomas y dialectos. Se trata de un libro que se hizo popular entre los judíos de la secta esenia y entre los primeros padres cristianos. Pero que luego, otros grupos posteriores hicieron "desaparecer" por casi mil quinientos años. Hasta los 1770's.
Aquel misterioso libro oriental, el Libro de Enoc, hablaba de unos "ángeles caídos". Estos ángeles caídos resultaron ser algo bastan-te confuso para los distintos autores del Nuevo y del Viejo Testamento. Pues ahí el origen del hombre difería mucho de aquella "Creación" que aparece en el Génesis de la Biblia, donde el primer hombre fue hecho del barro de la tierra. Esta era otra antropología y otro origen humano. En el libro de Enoc, se hablaba de seres humanos originales que eran de una naturaleza divina y angélica. Ahí se habla de que "los hijos de Dios, que se enamoraron de las hijas de los hombres". Y que al unirse a ellas "les revelaron los secretos del Cielo" De ahí aquello concerniente a una “caída”, pues al ellos reproducirse, sus naturalezas divinas quedaron prisioneras en formas puramente humanas!! Todavía hoy los religiosos siguen hablando de ángeles caídos, sin que esa idea aparezca en la Biblia como tal. (Buscar en Internet, bajo Enoc, o Henoch).
El conflicto de opiniones sobre el libro de Enoc, llegó a un grado tal, que, en el año 405 San Jerónimo no incluyó ese libro en la primera Biblia, la Vulgata, aun cuando dicho libro estaba citado en ciertas epístolas de San Pablo, (Judas Apóstol 1:14). Enoc quedó siendo parte de la literatura apócrifa, tanto de la judía como de la cristiana. Sin embargo, el contenido del libro impactó a todos por igual, pues impactó toda la Teología medieval y a la renacentista. Por ejemplo, ese libro decía que, Enoc, quien podía hablar con Dios, podía ascender por los cielos “pasando de una esfera a la otra esfera”, o sea de la esfera de un planeta al otro. Esa concepción de un ascenso espiritual y celeste por vía de planetas conocidos, como Marte, Venus y Júpiter, etc, dominó de tal modo la teología medieval, que las primeras catedrales de estilo gótico, con sus muy altas espiras, fueron levantadas con la expectativa popular de, que, a la hora de la muerte estas les sirvieran a las almas como auténticas escalinatas hacia el Cielo.
Bajo la influencia de esa misma teología enochiana, a finales del siglo xiii el mismo Dante Alighieri, escribió su “Divina Comedia” como un ascenso en espiral que fue llevando a Dante a través de numerosos purgatorios y cielos, hasta el Paraíso.
De acuerdo a la versión oriental, aquellas cinco razas sucesivas fueron desarrollando los "cinco sentidos" en el ser humano, uno a uno. Cinco razas, cinco sentidos. Cada raza también desarrolló una gran cultura mundial, ya desaparecida de la memoria de Occidente, excepto en el campo de la mitología y de las leyendas antediluvianas. Vemos pues, que a los ojos de aquella Antropología oriental, de la que hablábamos, la raza humana que predomina actualmente, es entonces una Quinta Raza, hoy llamada caucásica, o indoeuropea. Pero, caucásicos o no, somos las mismas almas que antes encarnaron como aquellas razas anteriores. Podría ser por eso que los humanos de hoy, al igual que sus mitologías, muestran ese número cinco escrito por todas partes y en tantas formas.
Bajo esa luz, nuestros cuerpos resultan ser entonces verdaderos "templos en construcción", o sea, dentro de un proceso gradual, inmenso y continuo de desarrollo y de perfeccionamiento. Proceso a través del cual esos cuerpos van ganando aquellas cualidades y sensibilidades que los han de poner más y más en armonía con su propia Divinidad interna, que es tan ignota como es espiritual. Y este último punto nos lleva directo al corazón del Segundo grado.
En lo más recóndito de nuestros cuerpos habita ese flamígero "Yo Superior", del cual la gran masa humana permanece más bien inconsciente! Por otra parte y de una manera intuitiva, las masas puede que vislumbren ese "Yo Superior" bajo la forma de un Santo favorito y milagroso, o como un Ángel de la Guarda, o como un Salvador y un Redentor. Y hasta cierto punto tienen razón. Pero invariablemente lo conciben como algo que existe fuera de ellos; algo que no son ellos mismos! La Masonería no es así, ya que lo concibe como brillando en el interior de cada Templo humano. Como el misterio que hay detrás de nuestra individualidad cada vez que decimos “Yo”.
Este grado de Compañero parece haber sido diseñado para ir despertando dentro de cada candidato mucha de esa realidad almática, que, desde siempre él ha llevado en su interior. Comenzando por esa Divinidad, o "Estrella Flamígera" tan enigmática y desconocida, aún dentro de la misma masonería de hoy. En cualquier caso, ese ser asombroso es algo que cada uno de nosotros llegará a enfrentar alguna vez -- como sucede a la hora de la muerte. Una cosa que cada uno hará en medio de un éxtasis indescriptible y lleno de amor. Un ¡¡Ser de Luz!! Por otro lado, este grado también nos invita a desarrollar todas esas virtudes y cualidades (divinas) del grado, las cuales se corresponden con nuestra divina Realidad interior.
Este es el secreto esotérico de "la estrella (humana)" de cinco puntas, siempre blanca como el mandil de Aprendiz. La misma Estrella apareció a los ojos del mundo profano por primera vez en aquella bandera original de la Unión norteamericana. Los trece estados de esa Unión, estuvieron representados en esa primera bandera por trece estrellas blancas, (o sea, trece pueblos). De ahí en adelante esa misma estrella blanca se repite en muchas de las banderas republicanas de la América y de otras partes del mundo, obras de masones. Entre otras, las banderas de, Venezuela, Brasil, Chile, Honduras, Cuba, y otras tantas.
EL PASO A LA COLUMNA DEL COMPAÑERO
El Manual de Masonería de Andrés Cassard, nos recuerda que en el curso de la Iniciación, el primer objeto en logia al que se dirigió la atención del nuevo Aprendiz fue a esa columna del Norte que muestra la letra B. Fue junto a ella que él recibió siempre su salario de Aprendiz. En este segundo grado esa columna y esa letra B tienen el significado de "En fuerza". Ahora bien, en el solemne paso ritual que tiene lugar en este grado, los aspirantes son conducidos, en una majestuosa procesión, hasta llegar todos a la otra columna, la que muestra la letra J, que tiene ahora la connotación de "Dios establecerá".
El candidato ha pasado a ser parte de un nuevo gremio de obreros, el gremio de los Compañeros. El ha pasado de la columna B a la J. Y con ello ha pasado de Norte a Sur, que significa pasar de la Oscuridad hacia la Luz; ya que simbólicamente él acaba de "ver" la verdadera Luz. La del Espíritu humano. Todavía más, a juzgar por el significado de las dos columnas, su viaje podría tener entonces la siguiente connotación trascendental:
"Sobre la Fuerza que hay en ti, o dentro de ti, Dios construirá su casa. Su Templo"
Podemos fácilmente asumir que, esa “fuerza interior”, a la que se está aludiendo como un fundamento o base, no es otra cosa que la Estrella flamígera misma, símbolo de algo espiritual y divino. Es sobre Eso, espiritual, que la masonería lo está invitando ahora a construir. Construir sobre algo espiritual, que será firme y eterno. Sobre la roca.
Que conste que en el antiguo lenguaje de la alegoría, construir "un templo" significó siempre construir una Escuela de sabiduría oculta. Una Logia. Al mismo tiempo, la doctrina de la Orden parece estar insinuando la construcción de UNA SOCIEDAD PERFECTA. Ahora bien, así como todo templo antiguo estuvo sostenido por columnas, igualmente lo habrá de estar la doctrina misma (la Sabiduría Oculta que ahí se enseña) y que ahora se nos presenta como una posibilidad real. Como algo ya comprensible. Y como una meta futura. Ante este dilema nos preguntamos entonces, ¿cual podrá ser el significado más profundo que tienen las dos columnas que decoran toda logia masónica?
Recordemos, en primer lugar que la fachada de los templos de Egipto estuvo siempre flanqueada por dos enormes obeliscos monolíticos. Por ejemplo, en el gran templo de Luxor, en Tebas, uno de ellos estaba forrado entero de oro, y el otro estuvo forrado en plata. Estos eran pues símbolos de dos fuerzas contrarias y aparentemente contrapuestas. Sol y Luna. Símbolos de una enseñanza secreta acerca de todos los pares de opuestos, o sea, de toda "dualidad" existente en la naturaleza.
Aquellos dos obeliscos muy geométricos de los templos egipcios, eran representativo sin duda de DOS RAYOS DEL SOL. Ahora hechos de piedra. Esos obeliscos parecían ser como dos tablas de piedra, los símbolos de dos de los cuatro mandatos más que el Sol Espiritual le da a la naturaleza en el curso del año. Mandatos tan poderosos que son las causas de las estaciones del año. Un primer mandato lo da el Sol cuando él está ascendiendo en el cielo durante los primeros meses del día solar, con sus días cada vez más largos, como son los pasos del Aprendiz. Bajo ese impulso creciente todo "florece" en la naturaleza. Es primavera. Ese momento se inicia en Marzo 20, con el Sol ante el signo de Aries. El Sol es Aprendiz. Es la "aurora" del año solar. En las auroras el Sol tiñe todo el cielo de blanco, como de hecho lo hace cada mañana. Blanco como el mandil del Aprendiz.
Es Marzo 20, el “mediodía” del año; y simbólicamente hablando, ese día es esta ocasión de pase a Compañero. El Sol está ahora ante el signo de Cáncer, y el verano acaba de comenzar. Se trata de un Sol que es Compañero. A partir de ahí ese Sol ya cambió la dirección de su marcha, ya que, en vez de ir ascendiendo su arco más y más alto en el cielo, como lo había hecho por seis meses, él empieza a descender gradualmente, con sus días cada vez más cortos y sus noches cada vez más largas. Este proceso conducirá al "ocaso" solar del año, en Septiembre 21. En donde él le dará su Tercer mandato a la naturaleza. En un ocaso, él siempre llenará el cielo de tonalidades rojas. Para los egipcios ese rojo era la sangre derramada por el Dios solar en su muerte ritual del año.
Este Sol Compañero, el de Junio 20, llegó a la cumbre del cielo y comenzó ya su descenso. Su marcha trazó el pico de una cumbre. Como quien sube por una escalinata y baja por otra. Por eso, en su nueva marcha el candidato dará un paso adicional hacia la luz del Sur y otro de regreso. Es el signo de un Sol que revirtió su ruta. En este nuevo ciclo que ahora es descendente, y bajo ese impulso solar decreciente que caracteriza el verano, todo comienza a dar "frutos" en la naturaleza. Ambos mandatos del Sol, el de Marzo y el de Junio, son partes de ese gran ritmo anual de la naturaleza. Son aspectos de la Voluntad divina. De la verdadera Ley de Dios. Más adelante veremos el por que.
Regresemos ahora a esas dos columnas de la Logia. Supuestamente, al salir el pueblo judío de Egipto, Dios mismo los iba guiando por el desierto. Lo guiaba por medio de dos columnas. Algo parecido a los dos obeliscos solsticiales de los templos egipcios. Así aparece esto en el libro del Éxodo 13:21:
"Jehová iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles".
Mas tarde, la Biblia misma nos dirá de nuevo que el pórtico del Templo de Salomón en Jerusalén, también estuvo flanqueada por dos enormes columnas de bronce, las cuales eran huecas por dentro, (Jeremías 52:21-22). Siguiendo esa misma descripción bíblica, la decoración de la Logia en esta noche de pase a Compañero, requiere que las dos columnas de la Logia tengan sus dos capiteles adornados en lo alto, con lirios, y con granadas. O sea, con flores y con frutos. En apariencia, este paso de hoy, en el cual los candidatos desfilaron en una solemne procesión, desde una columna a la otra, es equivalente al paso del Sol (humano) de la primavera al verano. De la niñez a la adultez. Estamos ya de pleno dentro del Compañerazgo.
Si ahora nosotros juntamos ambos simbolismos, el egipcio y el judío, podríamos resumirlo todo en una sola oración. Una oración que sería muy reveladora de la sagrada ciencia mística que subyace bajo todos estos rituales. Esta oración reveladora se la daríamos al nuevo Compañero masón como todo un mandato del grado. Es como si la masonería le estuviera ordenando esto:
Como Aprendiz, tú creciste y floreciste en Primavera bajo la columna B (a partir de aquel equinoccio de Marzo). De igual modo, partiendo de tu nueva columna J, empieza ahora a fructificar (a partir de este solsticio vernal de Junio). Empieza a marchar en tu camino de descenso gradual hacia el Ara solar del sacrificio. Esa senda y ese sacrificio te harán ser como el Sol. Pues es el Sol el quien marcha por dos sendas, en dos direcciones, una ascendente y otra descendente.
Este mandato hipotético dado ahora al Compañero, parecería contener una verdadera "revelación", una relativa a la integración y reconciliación gradual de los pares de opuestos! Esa revelación es a su vez extensible a toda otra "dualidad" visible dentro de una Logia. Por ejemplo, la misma es cónsona con la marcha de todo masón. Ya que, siendo un hijo del Sol, el masón avanza en logia pisando alternadamente las baldosas blancas y las negras. Entre otras cosas, esos pasos simbolizan nuestra propia marcha a lo largo de los días (de actividad) y de las noches (de pasividad). E igualmente de las vidas (de actividad) y de las muertes ( de pasividad ). Un elusivo "secreto" masónico se encuentra siguiendo una de esas dos sendas. Veamos:
Durante la "vigilia" de nuestros días y de nuestras vidas, todos nosotros tenemos -- Libertad!, pero carecemos de Sabiduría. En tanto que en las noches y en las muertes, todos tenemos Sabiduría, pero carecemos entonces de voluntad y de libre albedrío. Allí no podemos tomar verdaderas decisiones. Y la pregunta es esta: ¿Quien es aquel que pueda llegar a tener ambas cosas: tener la Sabiduría de la noche durante el día, y tener la Libertad del día durante la noche? ¿Y como llamaríamos nosotros a semejante ser humano así integrado y perfeccionado?
Ahora bien, debajo del suelo, las raíces (filosóficas) de esas dos columnas tan opuestas, se entrelazan calladamente en el sosegado corazón de la tierra. Las invisibles "raíces" de esos dos árboles antagónicos, el de la Conocimiento y el de la Vida, podrían explicarnos muy bien los entrecruzados mosaicos blancos y negros del piso de una Logia. El poderlos ver es ser ya algo clarividentes. En conclusión, que a la luz de este nuevo enfoque filosófico, todo Compañero masón ya sabe que él está cogido dentro de la gran trampa de las dualidades, sean cuales sean. O sea, él ahora se sabe "entre columnas".
Pero, instintivamente, ya él sabe que, al final, toda dualidad que exista habrá de resolverse de algún modo y en algún sitio. ¿Será en un otro mundo?, ¿o será en el Ara? Por ejemplo, en esta noche, ya él observó que sobre el Ara, el compás de la Sagrada Ciencia Espiritual, no está enteramente pisado por la escuadra de la materialidad. Una de sus patas ya se ha superpuesto a esa escuadra. Al mismo tiempo, ya él también observó que la babeta o solapa triangular de su mandil, no está levantada sobre el cuadrado, y no está fuera de este. Sino metida dentro. Algo ha pasado!
Sin duda, todas esas dualidades tendrán que "integrarse" de algún modo, dentro de alguna filosofía o sabiduría. Pero no necesariamente dentro de las escuelas, filosofías y religiones dualistas de Occidente, en la que se formaron casi todos los masones. Esas escuelas no integran cosa alguna. Mucho menos la mente del individuo. Ellas sólo lo ponen en lucha consigo mismo. Sólo lo entrampan en conflictos que no tienen salida; que lo desarman, con su jugada filosófica ya cargada, la de "Cara yo gano y cruz tu pierdes". Luchas siempre trabadas, como es esa entre la Perdición y la Salvación. De ahí muy pocos salen adelante con algún provecho verdaderamente espiritual dentro de nuestro mundo, tan subdesarrollado! El cual subdesarrollo comienza siempre ahí mismo, adentro, en esas contradicciones y bloqueos interiores.
Generalmente, esas otras escuelas de pensamiento insisten en que las acciones del Hombre, o sea, sus pecados y sus pensamientos, son más importantes que él. Que estos pesan más en la balanza que lo que pesa él mismo, quien se supone ser una "criatura de Dios"!! O sea, ninguna de esas escuelas hace énfasis en lo que él es. Ninguna reconoce que, él es una "divinidad" por dentro. Y que lo divino es inmortal y es eterno y que no se pierde nunca. Digamos, la Estrella Flamígera. Ninguna escuela dice que él no es sus acciones, y que él ni siquiera es sus pensamientos. Sino que, más bien, en su larga y senda de aprendizaje, él está llamado a marchar y a actuar a lo largo de esa senda, tan estrecha, entre el bien y el mal y entre lo verdadero y lo falso, etc. Tan estrecha, nos dicen los Upanishads, como es el filo de una navaja. Y lo mismo con todos los pares de opuestos de la Existencia.
Todo esto nos recuerda como fue que marchó una vez aquel Hijo Pródigo, el de la parábola. El que regresó a su casa pobre y andrajoso por fuera, pero sabio y experimentado por dentro. Y por quien se hizo la fiesta más grande de todas, matando para ello el becerro más gordo. Una cosa esta que causó envidia entonces, y sigue causando confusión filosófica hoy. Ninguna de esas escuelas de pensamiento dualista, comprende esto: que "la virtud que jamás fue sometida a prueba, no tiene valor en la casa del Padre". Y que a la muerte de aquel Padre, ese hijo que volvió andrajoso resultaba ser ahora el más capaz y el más confiable como para heredar y administrar todas las riquezas del Padre. Sin embargo, el Padre mismo ya lo sabía. Esa fue su secreta intención. Y fue la razón de ser de la parábola misma. Y lo sigue siendo hoy.
En sus extensos escritos y cavilaciones, Carl Jung, el fallecido psiquiatra y filósofo suizo, y autor de La Respuesta a Job, llegó a una extraña conclusión, una que ya aparece implícita en toda la Masonería. La de que: "¡¡Dios quiere hacerse hombre!!" Por instinto, Jung hablaba ahí de toda la naturaleza está dormida. Que está INCONSCIENTE. Dormida de un todo en la piedra, menos dormida en la planta, y más despierta en el animal. Todo lo que marcha por esta vida quiere llegar hasta el portal de lo Humano! Y ese profundo deseo ya nos explica algo del DIVINO PLAN DE EVOLUCIÓN DE LAS ALMAS.
Ninguna de las escuelas de pensamiento mundano puede entender que la enseñanza que ellos siguen es humanamente estrecha; es incompleta, así como es también castigadora. Y por ello no da en el blanco; pues falla. Ya que condenar convenientemente a una pena "eterna" a todo los que caen, es algo que equivale a castigar por toda la eternidad a un bebé que está intentando caminar, ¡por sólo haberse caído!! No es lógico, ¿verdad? Ese bebé no es su propio error. El sólo está aprendiendo de ello en el proceso. Eso es parte de su marcha. El alma del bebé mismo llegará un día a la meta, pero su error no.
Además, nadie nació sabiendo, pues para aprender a caminar, todos tienen que haber caído un sinnúmero de veces, aun no lo recuerden. De ahí aquella compasión universal que debe de surgir dentro del candidato cuando este divisa la presencia (universal) de aquella Estrella Flamígera que hay en todos los templos. La que alumbra por dentro a todo templo (humano), aun ese humano lo ignore. La que está dentro de toda criatura, como testigo al drama del Alma! Testigo a la vida del Héroe! A quien también podríamos llamar Yo Inferior.
Aquí, el sentimiento del que estamos hablando es uno de la compasión más profunda y más solidaria por (todos) aquellos seres y cosas que están sufriendo la existencia. ¡Una Compasión universal! Nuevamente, Dios es amor! Pues en ese largo e inmenso aprendizaje de los seres, por vía del tanteo y el error, se está llevando a cabo el propósito último del Gran Arquitecto, el Sol Espiritual, que habita en todo y en todos.
TURNO A LA INSTRUCCIÓN DEL GRADO
Juramentado ya el nuevo Compañero, y debidamente consagrado, el ritual llega a la fase de Instrucción de grado. Para empezar, las tres luces de la logia lo instruyen en todo cuanto a su labor, sus deberes y su conducta. Una vez instruido, él es entonces proclamado como Compañero, ante el pleno del Taller.
El Manual de Aldo Lavagnini, amplia sin embargo la instrucción que aparece en la Liturgia. Ahí se nos dice que el mandato masónico al Compañero, es muy similar a aquel de: "creced y multiplicaos". Que siendo este el grado intermedio del simbolismo, el mismo equivale a la edad adulta del masón; la edad en la que el hombre comienza a dar frutos, tanto en el sentido de crear una familia, con esposa e hijos, como a fructificar también en cuanto a su "capacidad intelectual". El mensaje masónico es pues una invitación al mayor aprendizaje posible! A un desarrollo en el sentido martiano: Ser culto es el único modo de ser libre! Por deducción, el haragán mental nunca debió ser invitado a la masonería. Y el Oriente masónico que no escoge muy selectivamente a los que entran, está perdido y llamado a desaparecer.
Para nuestros fines litúrgicos, el grado le recomienda al nuevo Compañero aquellas siete artes liberales, arraigadas en el mundo clásico, y que en las primeras universidades de la Edad Media y del Renacimiento, formaron el currículo por excelencia. Pues en aquellos tiempos parecían requerir la mayor intervención de la inteligencia humana. Esas artes liberales eran siete para los antiguos académicos, aun cuando en estos tiempos contemporáneos, la lista hubiera sido mucho más amplia:
1. La gramática, o el arte de hablar y de escribir correctamente
2. la Lógica, o ciencia de raciocinar con exactitud.
3. la Retórica, o arte de la oratoria y del bien hablar.
4. La Aritmética, o ciencia de los números y del cálculo.
5. la Arquitectura, o arte de construir edificaciones y adornarlas.
6. La Música, o arte de combinar los sonidos en forma agradable al oído.
7. La Astronomía, o ciencia que estudia los astros.
Se trata sin duda de una invitación abierta, para que el Compañero masón ocupe su tiempo en adquirir la más amplia cultura que él pueda. Que así sea.
S.·.F.·.U.·.
2009
