El siglo V a.C ha pasado a la historia de la cultura occidental como el “Siglo de Pericles” y constituye el momento de mayor esplendor cultural y comercial de la Grecia clásica. Cabe destacar en este contexto la invención de la democracia; la arquitectura con los órdenes dórico, jónico y corintio; la escultura bajo las manos de Mirón y Fidias; la literatura con sus famosas tragedias y comedias; el nacimiento de la historiografía y la aparición de una nueva manera de pensar con la entrada en escena de Sócrates, maestro de Platón, sabio amado y admirado por los jóvenes, pero odiado y temido por los poderosos.
Sócrates fue un maestro muy peculiar. No sabemos mucho de su vida porque no dejó nada escrito y porque su pensamiento y el del joven Platón se entremezclan de tal modo que resulta difícil distinguir al uno del otro. No olvidemos que Sócrates es el personaje principal de los diálogos platónicos. Los estudiosos de Platón tienden a creer que éste recoge el pensamiento de su maestro en sus obras de juventud y que posteriormente, aunque Sócrates sigue presente como personaje en sus diálogos, comienza a elaborar y expresar su propio pensamiento.
¿Qué fascinó al joven Platón, hijo de una familia aristocrática y poderosa, y a los demás jóvenes atenienses que acudían a escuchar a ese hombre mayor, poco agraciado físicamente y que ocupaba una posición nada privilegiada ni importante en la polis?
Las enseñanzas del maestro Sócrates eran de una radicalidad y una autenticidad fuera de lo común y la coherencia entre lo que decía y lo que hacía provocaban entusiasmo y admiración.
Frente a las enseñanzas de los sofistas que representaban un modo de saber y hacer más convencional, adaptativo y estratégico, Sócrates aparece como buscador de principios y valores universales, comunes y válidos para todos.
Para un sofista de ayer y de hoy todo vale con tal de conseguir su propósito mientras que Sócrates se encarnaría en el hombre justo y bueno del presente que persigue el conocimiento y el bien como fines en sí mismos. Recordemos algunas de sus más famosas expresiones como, por ejemplo: “La filosofía es el amor a la sabiduría”, en el sentido de búsqueda permanente del saber y “Yo sólo sé que no sé nada” con la que quiere destacar su actitud básica ante el conocimiento, es decir, la humildad frente a la soberbia. “Conócete a ti mismo ….”, en esta popular expresión socrática reconocemos los masones una de nuestras señas de identidad principales, como podremos ver en las siguientes partes.
Sócrates sostiene que el saber y el actuar bien se identifican, o, dicho de otro modo, que el que obra bien lo hace porque sabe lo que es el bien y el que obra mal lo hace porque es un ignorante.
Tal planteamiento le lleva a buscar el conocimiento o la sabiduría, porque saber qué es el bien lleva necesariamente a ser bueno. Así el vínculo entre moral y conocimiento está servido. Y, por lo tanto, el hombre justo ha de vivir buscando la verdad, definiendo los grandes valores: qué es el Bien, la Justicia, el Valor, la Verdad.
Sócrates se ríe de los que se creen en posesión de la verdad y les aplica su famoso método mayéutico. Este método se comprende bien a través de dos ejemplos: por un lado, ridiculiza a los sofistas que creyéndose en posesión de la verdad caen en contradicciones ante las preguntas del maestro, que acaba demostrando la ignorancia y la soberbia en la que se sustentan. Por otro lado, consigue que Menón, un esclavo sin ningún conocimiento previo en matemáticas, llegue a formular el principio de Pitágoras.
Ambas cosas, ridiculización de los sofistas y extracción desde el interior del esclavo (por lo tanto, desde la ignorancia) de un saber que no creía poseer, se desarrollan a través de un método que él mismo comparó con el trabajo de las parteras. Éstas ayudan a dar a luz a las criaturas y él ayuda a alumbrar el conocimiento. El método mayéutico se puede definir como el arte de dar a luz al saber con objeto de formar al discípulo.
La Mayeútica se asienta en dos principios fundamentales: la búsqueda y el diálogo.
La búsqueda caracteriza la actitud básica del maestro. Es un maestro que no enseña la verdad, sino que, como está en un camino de búsqueda, ayuda al discípulo a iniciar y proseguir el viaje hacia el interior de uno mismo, primer paso imprescindible para avanzar en el conocimiento. El maestro sugiere, orienta y anima para que afrontemos ese camino de búsqueda con humildad y persistencia.
El diálogo nos iguala. Sólo se puede entablar un diálogo fructífero y veraz si nos tomamos en serio y valoramos a nuestros interlocutores. El auténtico diálogo no es posible si uno de los intervinientes se considera en posesión de la verdad, se instala en ella y se propone instruir a los demás. El auténtico diálogo sólo es posible entre seres humanos que están buscando juntos, van alumbrando nuevos conocimientos y logran ir descubriendo principios no contradictorios y valores justos. Así la búsqueda de la verdad es para Sócrates una tarea colectiva basada en el diálogo. Cada persona posee dentro de sí una parte de la verdad, pero sólo podrá descubrirla con la ayuda de los otros.
A los sofistas, a los que se creen en posesión de la verdad, a los soberbios, Sócrates los trata duramente y los ridiculiza. A través de la ironía socrática los pone en evidencia, pues los lleva a entrar en contradicciones y desmonta así su “aparente saber”. A los que se acercan con afán de conocer, con amor al saber y con humildad, les estimula y orienta, dialoga con ellos y les muestra con su ejemplo un modo de aprender y de vivir.
El método socrático pretende construir definiciones que tengan un valor universal dado que llevan a descubrir la esencia de lo investigado. La finalidad de este método es llegar a esa definición verdadera y universalmente válida y el procedimiento que utiliza es inductivo, es decir, parte del análisis de casos particulares para alcanzar una definición general superando las apariencias y las contradicciones que se van descubriendo en el camino. La mayéutica consiste en hacer preguntas de un modo tal que el otro llegue a descubrir la verdad por sí mismo. Es, pues, una forma de utilizar el diálogo como método para buscar juntos la verdad.
La búsqueda del conocimiento a través del diálogo sigue teniendo hoy más vigencia que nunca y quien inició este planteamiento fue Sócrates al concebir su método mayéutico. Siguiendo sus ideas los masones desarrollamos una actitud de búsqueda permanente del conocimiento mirando sobre todo hacia nuestro interior, ya que conociéndonos bien a nosotros mismos podemos entender lo demás y a los demás. Así, conseguiremos establecer una conexión real con nuestra conciencia y formarnos criterios específicos, precisos y profundos sobre las cosas del mundo interno y externo. Esa disposición permanente, ese diálogo constante, esa búsqueda interior, esa conexión con la conciencia, debe ser la meta de la aprendiza masona que todas somos.
El método mayéutico nos orienta hacia un tipo de aprendizaje que se centra en la reflexión interior y que nos enfoca hacia la observación para ampliar nuestra conciencia. Implica el ejercicio constante de la meditación, de la reflexión creativa, del análisis del proceso de sentir y de razonar para entender mejor el mundo.
El valor de este método nos aporta, entre otras cosas, un enfoque centrado más en la pregunta, en el proceso, en el camino y en la búsqueda permanente, más que en la respuesta, en el resultado o en la conclusión definitiva. Porque en la pregunta encontramos lo más propio de la actividad filosófica y con la respuesta cerramos la investigación y caemos, con demasiada frecuencia, en la tentación de instalarnos en aparentes verdades absolutas y en dogmas preestablecidos.
Por todo lo dicho se comprende que la mayéutica es una de las bases de la enseñanza masónica y que se opone directamente a los dogmatismos de todo tipo. Nos embarcamos como masones en un viaje de búsqueda del saber en el que hemos de ir comprendiendo por nosotros mismas, profundizando en nuestro autoconocimiento y contrastando con los hermanos nuestras experiencias. Este viaje se complementa y perfecciona construyendo un diálogo colectivo que con las aportaciones de todas enriquecerá el trabajo de reflexión personal de cada una.
El método mayéutico nos lleva a respirar en una atmósfera en la que se propicia un tipo de relación positiva, respetuosa y abierta. En ese ámbito se puede intercambiar vivencias e ideas constructivamente, aportando cada una sus reflexiones, sus experiencias y sus conocimientos. Con la ayuda de este método o camino aprendemos no solo de un modo conceptual sino fundamentalmente vivencial y proyectamos nuestro saber al mundo. Es un saber muy práctico puesto que conlleva un modo de instalarse en el mundo y de adoptar actitudes y valores como la humildad, el afán por saber, el valorar la búsqueda, el mirar hacia adentro, el ser coherente, el valorar el diálogo, la empatía, la tolerancia, la rectitud y , en definitiva, el trabajar por la libertad, la igualdad y la fraternidad en todo momento y en todo lugar.
Sócrates y Platón nos presentan un modo de hacer filosofía bien alejado de ejercicios puramente teóricos. Hemos aprendido de estos filósofos que el cultivo de la Filosofía siempre ha de estar enfocado a propiciar procesos de perfeccionamiento que en la vida masónica practicamos a través de la introspección en lo personal y a través del “dar ejemplo” en lo social.
Cabe concluir que Sócrates aporta a la Masonería una actitud ante el saber y un método para investigar. Siempre estamos en la búsqueda del conocimiento huyendo de la soberbia y del dogmatismo, mirando introspectivamente hacia nosotras mismas y procurando nuestro perfeccionamiento. “Conócete a tí mismo” nos dice Sócrates y eso intentamos con nuestro trabajo.
AEM
Bibliografía
Logia Clara Campoamor.com: el-método-socrático
Wikipedia
