lunes, 11 de mayo de 2026

Historia de la Masonería en El Salvador

 

La masonería en El Salvador tiene sus raíces en el siglo XIX, con la fundación de la Logia Progreso N.º 5 en 1871, bajo la jurisdicción del Gran Oriente Centroamericano. A partir de ese momento, la Orden Masónica comenzó a establecerse de forma estructurada en el país, promoviendo principios de libertad, moralidad, fraternidad y perfeccionamiento humano.

La creación de la Gran Logia Cuscatlán en 1912 marcó un hito fundamental al consolidar la masonería regular salvadoreña como una institución autónoma, reconocida y en plena comunión con los principios universales de la Orden. Desde entonces, ha guiado y acompañado el desarrollo masónico nacional con firmeza, serenidad y profundo compromiso con la verdad, la justicia y el progreso social.

A lo largo de su historia, la Gran Logia Cuscatlán ha impulsado iniciativas de carácter educativo, filosófico y filantrópico; ha mantenido relaciones internacionales con diversas potencias masónicas y ha preservado la regularidad de sus prácticas conforme a la tradición iniciática. La sede administrativa actual fue inaugurada el 30 de septiembre de 1995 y constituye un espacio simbólico y funcional para el trabajo de la Obediencia.

Ritos practicados

En El Salvador, la masonería se practica a través de varios ritos, entre ellos:

Rito Escocés Antiguo y Aceptado
Rito York
Rito Francés
Rito Escocés Rectificado

Cada uno aporta una riqueza simbólica particular y fortalece la diversidad del pensamiento iniciático dentro de la misma tradición universal.

Principios y Naturaleza Institucional

La Gran Logia Cuscatlán está debidamente constituida conforme al marco jurídico salvadoreño y reconocida como el organismo rector de la masonería regular en el país. De acuerdo con su Constitución, es una institución iniciática, filosófica, filantrópica y humanista, comprometida con la formación integral del individuo, el desarrollo de la conciencia y la práctica de la virtud.

Entre sus principios fundamentales se destacan:

La promoción del amor a la verdad y el estudio de la moral universal, la ciencia y las artes.

La libertad de pensamiento y el respeto absoluto a las convicciones individuales.

La creencia en un Principio Creador, denominado Gran Arquitecto del Universo.

La fraternidad como vínculo esencial entre los seres humanos.

La tolerancia como garantía de libertad de conciencia y de convivencia armónica.

La masonería salvadoreña, bajo la dirección de la Gran Logia Cuscatlán, continúa su labor silenciosa pero firme en la edificación de una sociedad más justa, solidaria y luminosa.

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