Trazado de Enrique Patín Veloz M.·. M.·.
Si meditas sobre los diversos significados de la obscuridad obtendrás grandes enseñanzas. La ignorancia es la obscuridad de la mente y el ignorante, al igual que el ciego, camina con rumbo incierto. Ignora la senda por la cual dirige sus pasos y confunde unas cosas con otras.
La inmoralidad es la obscuridad de la conciencia y el inmoral, ya sea perverso o vicioso, es un sujeto que desconoce el verdadero bien, y en medio de sus tinieblas morales, sólo anhela falsos bienes.
La materia es obscuridad para el espíritu. Oculta la realidad metafísica y desorienta al hombre con su multiplicidad y sus cambios.
La obscuridad es símbolo de todo lo negativo, de todo lo material y de todo lo malo. La falta de luz espiritual o material encubre la maldad, la ignorancia, la falsedad y la mentira.
En las tinieblas no sabemos lo que somos ni a donde vamos. En ellas, en fin, nos engañamos, nos creemos como no somos y equivocamos la verdadera senda de la vida.
El conocimiento es la luz de la mente y entre un sabio y un ignorante hay la misma diferencia que entre un vidente y un ciego.
La moralidad es la luz de la conciencia y el hombre virtuoso busca los verdaderos bienes de la vida.
El espíritu es luminoso y los destellos de su luz nos muestran la verdadera realidad.
La luz es símbolo de todo lo positivo, de todo lo bueno y de todo lo sabio. En ella sabemos lo que somos, lo que valemos y a dónde vamos. En la luz, ya sea de la mente o del corazón, nos vemos como somos y aprendemos a marchar por el recto sendero que conduce hasta Dios.
Dice San Juan, en su primera epístola, que Dios es luz y que en El no hay tinieblas. Por consiguiente, buscar la luz es, en sentido místico buscar a Dios. Son muchas las razones por las cuales hemos de buscar la luz, pero a nuestro juicio la principal es que sólo en ella se halla la Verdad que nos hace libres.
En la Antigüedad los buenos iniciados se consideraban hijos de la Luz. Dios era para ellos un Sol Espiritual cuya expresión material era el sol físico. Por eso se hacían llamar hijos del Sol y le daban a sus iniciaciones un sentido solar.
La iniciación masónica es solar. Todo en ella tiene ese significado y una de sus principales enseñanzas es inducir al iniciando a buscar ese Sol Espiritual cuya Luz colma de Sabiduría, de Fuerza y Belleza a nuestros Espíritus.
El Espíritu Supremo es el Sol de las almas y éstas giran en torno de El, como los planetas alrededor del Sol.
Dirígete a la Luz escondida que alumbra dentro de ti mismo y pídele que disipe las tinieblas de tu materialismo.
Suplícale, día tras día, que aumente la débil llama de tu alma y la convierta en potente sol. Aspira a ser sol espiritual para irradiar bondad, amor, sabiduría y belleza. Hay muchas tinieblas en el mundo y son muy pocas las almas que con su luz pue den disipar la obscuridad. Sé una de ellas.
Fuente: Patín, Enrique. Guía del Aprendiz. Ciudad Trujillo (Santo Domingo), RD. 1961
