Trazado de Enrique Patín Veloz M.·. M.·.
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| Hércules |
No se me ocultan las graves dificultades que entraña la doble empresa del perfeccionamiento de sí mismo y del mejoramiento de la sociedad. No es un juego de niños. Es algo tan difícil que requiere un gran esfuerzo, una tenacidad a toda prueba y una fe inquebrantable. Hay mil enemigos que conspiran contra ella. Se le oponen, abierta y solapadamente, los familiares y los amigos. Lo hacen de muchos modos, pero suelen hacerlo dando consejos egoístas o induciendo al desencanto.
Cuando tus amigos sepan que eres masón y que como tal te empeñas en trabajar por tu mejoramiento y por el de la sociedad, te dirán que no vale la pena dedicarse a esas cosas porque lo que se saca de ellas son decepciones. Te citarán mil ejemplos que probarán su aseveración, y si tu resolución no es inquebrantable, quizás retrocedas o si tu fe no es muy grande, tal vez dudes. Ellos no dejan de tener razón. La humanidad siempre ha explotado o sacrificado a sus bienhechores, pero éstos, a pesar de eso, han logrado lo que sus sacrificadores o explotadores tardarán muchos millones de años en con seguir: el mejoramiento espiritual que los colma de la más genuina felicidad.
Lo ideal sería que tu esfuerzo por mejorarte y por perfeccionar a la sociedad fueran a la par, pero no siempre puede ser así, y cuando te sea imposible hacer una buena labor social, limítate a trabajar sobre tí mismo. Y no creas que si actúas en la última forma no estás haciendo masonería. La haces y buena. La masonería individual es dificilísima. Requiere esfuerzo, tiempo y privaciones. La social exige otro tanto, Por eso la mayor parte de los masones huyen de una y otra. Soslayan el esfuerzo y se parapetan tras diversos pretextos. Se requiere el valor de un héroe, la bondad de un santo y la sabiduría de un sabio para lograr en el esfuerzo masónico el triunfo absoluto.
Dice San Pablo que a los materialistas los asuntos espirituales les parecen locuras. Y realmente las empresas espirituales deben parecer locuras al hombre material, al Sancho que hallamos en todos los caminos y que unas veces nos sirve de escudero y otras de tenaz adversario.
Desengáñate. Por más que le expliques al vulgo nuestros ideales y los esfuerzos que hacemos por realizarlos, será inútil. Este nos juzgará locos. Nos ayudará por lástima o simpatía. Se burlará de nosotros o nos hará la contra.
Pero no importa. Hay que aceptar la empresa en las condiciones que la vida nos la ofrece.
Los enemigos son muchos. Los hay morales, como el desaliento, la ingratitud, la envidia o el egoísmo. Sociales, como las instituciones o agrupaciones corrompidas. Y prácticos, como el empirismo o la deficiencia. Debes evitarlos, pero si te salen al encuentro o te desafían, debes aceptar el combate y tratar de salir airoso. La combatividad es inevitable en la vida masónica, porque ésta no es "contemplación pasiva del bien" sino lucha continua contra el mal.
Yo sé que habrá muchos masones que te dirán que la Masonería debe limitarse a lo cívico, a lo filantrópico o a lo político. Pero los que te digan eso desconocen la verdadera amplitud de la Masonería o deliberadamente la reducen de tamaño para poder abarcarla sin esfuerzo. Toman de ella la porción que les place o les acomoda y luego la proclaman como el todo. Eso mismo hacen con el Cristianismo. Y se da el caso de que muchos cristianos sólo toman del Cristianismo lo que les conviene o les agrada.
La humanidad actual es muy materialista. Tiene una moral muy baja. Rehúye el esfuerzo y es indiferente a los valores espirituales. Ama el lujo, los placeres y la molicie. Sueña con la riqueza y aspira a que todo le sea dado de balde. En su alma las ambiciones ocupan el lugar de los ideales, Sólo toma en cuenta lo presente. Le seduce lo pragmático. Y aspira a la mecanización absoluta de la vida.
Esa es, brevemente descrita, la humanidad con la cual habrás de luchar. Sus condiciones no son muy halagüeñas, pero a pesar de eso, es preciso trabajarla de modo masónico, a fin de que la mejores y puedas perfeccionarte. ¿Te asusta la tarea? ¿Temes a sus reacciones? ¿No te sientes animado a sacrificarte por ella? Si tu respuesta a una de esas preguntas es afirmativa, dedícate a trabajar sobre ti mismo, porque si no puedes o si temes actuar sobre los demás, es preferible que actúes sobre ti.
Ora, estudia y medita. La condición masónica no se desarrolla sin esas tres cosas. No las desdeñes. Dedícate a ellas con ahínco y empéñate en modelarte con su ayuda. Pídele a Dios que te mejore. Solicítale su asistencia, su inspiración y su guía. Implórale la Luz de su Sabiduría para tu entendimiento. La Fuerza de su Luz para tu voluntad. Y la Belleza de su Ser para tu espíritu.
Estúdiate a ti mismo. Aprende a conocer tu subconciencia, tu personalidad y tu carácter. Estudia la sociedad que te rodea. Conoce su idiosincrasia, sus aspiraciones y sus defectos. Medita a menudo sobre los ideales masónicos y acerca de la obra que has emprendido y saca de eso conclusiones provechosas. Ármate de conocimientos adecuados y lánzate al combate, que la humanidad de hoy requiere de buenos luchadores masónicos. Si no puedes ser un héroe masónico, se un buen luchador. Lo importante es que seas algo. Que hagas algo. Que no te quedes viviendo una vida limitada, egoísta y estrecha, porque mientras hagas eso serás profano.
Fuente: Patín, Enrique. Guía del Aprendiz. Ciudad Trujillo (Santo Domingo), RD. 1961
