Trazado de Enrique Patín Veloz M.·. M.·.
«El ideal masónico sólo puede alcanzarse en
virtud de la educación. Sin ésta no hay masonería. No se puede hacer de un
profano un masón sin la educación... cada
logia debe ser una escuela de educación masónica en la que se enseñe y se
practique la Masonería».
EPV
La Orden Masónica es una asociación encargada de la conservación, la enseñanza y la práctica de la Masonería. Es el medio utilizado por ella para cumplir su misión. La Masonería puede existir sin la Orden y de hecho casi siempre ha sido así, pero la Orden no puede subsistir sin ella. La mayor parte de los masones confunden ambas cosas. No caigas en ese error que suele traer muchos perjuicios y evita el ser absorbido por la Institución.
Muchos masones ponen todo su empeño en conseguir miembros para la Orden y creen de buena fe, que esa debe ser la principal actuación de todo masón, pero se equivocan, porque lo primordial no es aumentar el número de miembros, sino crear masones.
Hay muchos masones para los cuales las actividades electivas de la Orden constituyen lo principal. Toda su masonería se reduce a gestiones eleccionarias. Para ellos es lo más importante y creo que si se les priva de tal actividad, renunciarían a ella. Como que tratarán de hacerte partícipe de sus ideas, evita dejarte arrastrar por ellos.
Con las labores administrativas ocurre lo mismo y da pena ver cómo se malgasta el tiempo y se derrocha el saber en discusiones administrativas estúpidas que hacen la felicidad de los mediocres y la tortura de los espiritualistas que concurren a los trabajos masónicos en busca de algo mejor.
Hay masones que aspiran a hacer de la Orden una compañía de seguros contra las calamidades y se dedican con toda su alma a trabajar en ese sentido, convencidos de que esa es la verdadera masonería. La masonería asistencial es un aspecto de la actividad masónica, pero no es toda la Masonería.
Huye del sentimentalismo masónico. Evita caer en sus brazos, porque aparte de ser ridículo es improductivo. Los masones sentimentales se acaloran en sus discursos. Hablan con exagerado énfasis y se ahogan de emoción, pasado su acaloramiento, no hacen nada. Justifican su esterilidad con mil pretextos y continúan en lo mismo.
Hay masones conservadores y retrógrados que ven con desconfianza toda innovación masónica y se oponen a la misma. Creen que la Masonería debe permanecer invariable y protestan de cuanto implique un cambio en la Orden o en la Doctrina. Por lo regular son personas mayores o jóvenes con almas de ancianos. Constituyen la parte conservadora de la Orden y desde ese punto de vista su misión es saludable, pero cuando exageran la misma, se convierten en un estorbo para el progreso. Por eso es preciso saber vencer sus resistencias, para evitar que malogren todo adelanto.
Hay masones, también, que se consideran guardianes de la ley masónica. Ignoran la Doctrina, pero conocen los estatutos. En sus manos la ley es un arma y con ella amenazan a los que a su juicio son violadores de la misma. ¡Que infelices! Si conocieran la verdadera masonería, defenderían la ley de acuerdo con la Doctrina y no en armonía con sus pasiones.
Y hay masones, por último, que se niegan a participar en las labores de la Orden porque no les agrada la forma en que se conducen los trabajos. A veces tienen razón, pero la mayor parte de las ocasiones no es ese el verdadero motivo de su falta de cooperación sino la ofensa que ha recibido su vanidad al no habérseles confiado la dirección de dichos trabajos.
Toma en cuenta todo lo ya dicho. Reflexiona sobre eso y evita el dejarte arrastrar por los que incurren en esos yerros o se dejan seducir por sus pasiones. No confundas lo esencial con lo accesorio ni creas que es oro cuanto reluce.
Para que la Masonería pueda llevar al cabo felizmente su misión es necesario que cada masón esté perfectamente convencido de que al abrazar la causa masónica se ha impuesto el deber de vivir y practicar la masonería, esto es, de abandonar los odios, los antagonismos, las ambiciones mezquinas y las intrigas que agitan al mundo profano y que hacen que en el mismo la vida fraternal resulte difícil de lograr.
A pesar de que nuestra Orden se denomina fraternal y pese a que muchos la consideran como una fraternidad perfecta, bien vistas las cosas, hoy por hoy, no es más que una asociación que hace un ensayo de fraternidad. En la intimidad de la Orden se está ensayando, desde hace siglos, una forma de fraternidad que, a buen seguro, habrá de triunfar en lo futuro, ya que la misma se funda en una amplia concepción espiritual de las relaciones humanas. Pero este ensayo fraternal masónico corre, entre nosotros, los dominicanos, el riesgo de malograrse si no sabemos actuar como verdaderos masones. No es extraño que nos acontezca tal cosa porque nuestros antepasados masónicos no fueron modelos de fraternidad, ya que la mayor parte de ellos no concibió la Orden como lo que verdaderamente es sino que vio en ella una asociación de cierta importancia a la que era útil pertenecer y a cuyos principales cargos valía la pena aspirar. Esto dio por resultado las luchas partidistas, las combinaciones electorales fraudulentas y los cismas que han quebrantado la unidad masónica en más de una ocasión. Muchas son las causas de lo anterior, pero entre todas campea la ignorancia masónica y la falta de verdaderos masones, ya que en lo que toca a esto último, en nuestra Orden ha pasado lo que suele ocurrir en otras asociaciones, esto es, que no son todos los que están ni están todos los que son.
El masón dominicano suele ser en la vida profana un sujeto incoloro. Carece de un modo de pensar, de sentir y de actuar que lo distinga de los profanos con quienes convive.
Frente a ellos posee las pasiones y las mezquindades que avasallan a aquéllos y es presa del egoísmo animal que esclaviza a los profanos, Las cosas han llegado a tal punto que las costumbres profanas han invadido nuestros templos y el ruido ensordecedor de las pasiones aturde allí como lo hace en el mundo profano. Lo masónico se bate en retirada frente a ese avance arrollador de lo profano y no hay un grupo de masones que se disponga, espada en mano, a arrojar de nuestros templos a ese intruso que osa interrumpir nuestros trabajos.
Es hora ya de que se ponga coto a las actividades profanas, anti fraternales o antimasónicas de los que profanan nuestros templos y enturbian las relaciones fraternales. Si queremos ser un grupo fraternal, de verdad, tenemos que evitar el contagio profano, anti fraternal, manteniendo frente a lo profano un aislamiento saludable y expulsar de la Orden a los que fomenten en ella la disociación y la corrupción.
No seamos hipócritas. No hagamos como el avestruz que se resiste a ver el peligro. Hagámosle frente, cara a cara, y pongámosle remedio librándonos de la podredumbre que nos amenaza.
El ideal masónico sólo puede alcanzarse en virtud de la educación. Sin ésta no hay masonería. No se puede hacer de un profano un masón sin la educación. Nada, hasta ahora, ha podido substituir a la educación como medio trasmisor de cultura, de orientaciones, de experiencias, de adiestramientos y de estimación de valores. Sin embargo, se ha incurrido y se incurre en el lamentable error de pretender hacer masones prescindiendo de la educación. Más que todo cada logia debe ser una escuela de educación masónica en la que se enseñe y se practique la Masonería.
Mientras las logias le presten a la educación masónica tan poca atención, no habrá masonería que valga. Nuestra Masonería carece de tradición pedagógica y por desgracia jamás ha poseído educadores masónicos.
La educación masónica no se consigue con la asistencia a tenidas administrativas, a conferencias esporádicas o a una que otra tenida de instrucción. Esta se logra mediante un buen plan educativo, realizado por maestros masones competentes y abnegados, que trabajen con celo, fervor y constancia.
Fuente: Patín, Enrique. Guía del Aprendiz. Ciudad Trujillo (Santo Domingo), RD. 1961.
