sábado, 13 de junio de 2026

La vida y la muerte

Trazado de Enrique Patín Veloz M.·. M.·.

 Para que puedas hacer tu ingreso espiritual en el mundo masónico, es necesario que te consideres psicológicamente muerto para la vida concupiscente o profana. Con la muerte se abandona lo material y se pierde el apego a las vanidades materiales, a las riquezas y a los demás bienes de esta vida.

Con la muerte profana ocurre otro tanto. Al mundo masónico sólo se llega con la muerte concupiscente. En él nada material puede acrecentar nuestro valor. Allí valemos de acuerdo con lo que somos y sólo nuestras prendas espirituales pueden realzar nuestro valor.

El mundo de la muerte se asemeja al masónico y los valores que imperan en ambos son los espirituales. La muerte es una iniciación. Cuando ésta sobreviene, el sepulcro se convierte en una Cámara de Reflexiones. Allí, en plena obscuridad, meditamos sobre el triste fin de las cosas materiales. Examinamos nuestra conducta y vemos si hemos cumplido con nuestros deberes para con Dios, para con nosotros mismos y para con nuestros prójimos. Y si a consecuencia de este examen nos arrepentimos de las faltas que hemos cometido, de la vida concupiscente que hemos llevado y del daño que hayamos hecho, clamaremos por la luz espiritual. Pediremos que se nos saque de las tinieblas en que nos hallamos. Y si nuestro ruego es atendido, se nos dará un guía invisible, un hermano experto que nos conducirá a una Cámara de Aprendiz. En ella, orientados por nuestro conductor, seremos sometidos a distintas pruebas antes de alcanzar la luz que nos hará aptos para la vida espiritual. Luego, nos entregaremos a labrar la piedra bruta de nuestra personalidad, y pediremos por salario, un aumento de luz. Y si el Maestro que dirige nuestra labor lo considera justo, nos otorgará lo pedido. De esa suerte nos formaremos Compañeros. Nos dedicaremos al servicio. Haremos méritos y conseguiremos más adelanto. Al cabo de cierto tiempo aspiraremos a la maestría y ésta se nos dará si nuestra evolución nos hace dignos de ella.

Medita estas enseñanzas y grábalas en tu corazón.

Fuente: Patín, Enrique. Guía del Aprendiz. Ciudad Trujillo (Santo Domingo), RD. 1961