jueves, 25 de junio de 2026

Lessing y el iniciado Falk

Gotthold Ephraim Lessing

Muy pocos eran los que, perteneciendo a la élite espiritual de la Ilustración, eran capaces de penetrar y meditar sobre las funciones polémicas de su instrumentarlo conceptual.

Lessing se contaba entre ellos como ningún otro ilustrado en Alemania. Lessing consideraba lamentable la mezquindad y la impertinencia de muchos hermanos de logia y criticaba la desunión y el particularismo de los sistemas. Pero sabía callar y también insinuar mucho más, porque era capaz de captar sagacísimamente los síntomas políticos, ya que él mismo se había iniciado en el laberinto de secretos corredores que poseyó la Ilustración en cuanto movimiento político. Conocía bien el doble fondo de las formas de pensamiento y de conducta ilustradas, que estaban aún poco desarrolladas en Alemania, porque, con fina capacidad de distinción conceptual, pensó hasta el fin su contraposición político-moral. De ello da testimonio su escrito sobre la masonería, que tan afanosamente se empeñaron en conocer todos los ilustrados alemanes de primera fila.

La moral practicada pertenece a sus reglas exotéricas. «Sus verdaderas acciones son su secreto», dictaminaba Falk, el iniciado. Sin penetrar más de cerca en el secreto, se deslinda de momento el campo de actividades de estas verdaderas acciones de los masones. Ellos «han hecho todo lo bueno que queda todavía en el mundo; fíjate bien: ¡en el mundo! Y prosiguen su trabajo incansable en todo lo bueno que habrá de venir aún al mundo; nótalo bien: ¡al mundo!».

El mundo, este gran campo de planificación de los francmasones, evidencia tres males fundamentales, «que parecen ser las objeciones más irrefutables contra la Providencia y la virtud». De estos tres males mayores, el primero es la diseminación y escisión del mundo humano en los Estados más diversos, que se dividen entre sí por medio de «abismos» y «muros de separación», y que entran permanentemente en recíproca «colisión» debido a sus diferentes intereses. El segundo mal fundamental son los estratos superpuestos de carácter social, resultantes de la estructura estamental dentro de los Estados; el tercero, por último, es la separación de los hombres entre sí por obra de las diversas religiones.

Con ello suministra Lessing un esbozo de los tres principales puntos en que se concentraban los ataques de los masones cosmopolitas: los Estados, los estamentos, las Iglesias, pero —y esto es lo decisivo para la andadura del pensamiento de Lessing— los males enumerados, resultantes de la diversidad humana, de sus delimitaciones y separaciones, no son para él meros azares, que podrían no haberse dado jamás a los cuales se podría eliminar fácilmente, sino que pertenecen a la estructura misma de la realidad histórica.

Las diferencias entre los hombres, las fronteras entre los Estados y la pluralidad de los mismos son para Lessing, desde luego, un mal moral; pero no llevan el sello —como para los masones, llenos de utópico candor— de la arbitrariedad inmoral, sino que están dotadas ya en la misma naturaleza del hombre. Lessing, ha delimitado al mismo tiempo, con su exposición del «mal inevitable», el ámbito de la política. El diálogo entre Ernst y Falk se dirige a las verdaderas acciones de los masones.

La francmasonería constituye un único y poderoso movimiento en contra de este «mal inevitable». Ellos son «la gente que ha tomado sobre sí, voluntariamente, la tarea de oponerse de modo activo a los inevitables males del Estado». El carácter inevitable de los Estados y de las diferencias sociales, y, con ello, también de la política, es reconocido por los masones iniciados, pero su intención se dirige precisamente a «no dejar que tomen mayor incremento del que requiere la necesidad» todos aquellos males que se dan inseparablemente con la política. Y ello «con la intención de hacer que sus consecuencias sean tan inofensivas e inocuas como fuese posibles».

El Estado se convierte para la sociedad burguesa en un medio subordinado, en un medio «para los hombres». Radica en la finalidad que estos hombres se proponen la superación de los males (políticos), que hacen posible y necesaria, por lo demás, la realización de buenas acciones (morales).

Como las separaciones y abismos humanos son realidades ontológicas dadas, sólo es posible «superarlas», pero no eliminarlas. «Suprimirlas totalmente» significaría «aniquilar el Estado juntamente con ellas». Y tal cosa es para Lessing —no por impulso del patriotismo o de la sumisión al Estado, sino en razón de sus ideas políticas— una esperanza que jamás podrá ser realizada. Lessing, pues, no sólo bosqueja los fines utópicos últimos, como acostumbran a hacer los escritos masónicos populares, sino que al mismo tiempo pone en evidencia los límites de la teología moral. El iniciado Falk sabe muy bien que estos límites, en la ejecución de la planificación moral, son superados y traspasados forzosamente; la verdad que percibe Ernst es que la moral se torna de modo forzoso, en este contexto, en valor político, y que lo mejor es callar este hecho. Con ello, conoce un secreto de los masones, secreto que él «no puede revelar, aunque fuese posible que llegase a desear tal cosa».

Extractado de: Reinhart Koselleck, Crítica y crisis. Un estudio sobre la patogénesis del mundo burgués, Madrid, 2007, pp. 82-87.