Una superstición es una creencia irracional y sin pruebas científicas. Asume que ciertas acciones, objetos o circunstancias mágicas pueden cambiar nuestra suerte. Un ejemplo común es pensar que cruzarse con un gato negro trae mala suerte, o que tocar madera trae buena suerte.
En este sentido, los hechos que son catalogados de superstición son aquellos que no cuentan con una comprobación científica fehaciente. Las personas crean supersticiones para sentir control sobre cosas que no pueden explicar o predecir. Piensa en ello como una manta de seguridad para el cerebro: ayuda a calmar los nervios frente a la incertidumbre.
De aquí deriva una pregunta: ¿la fe religiosa es superstición? La respuesta varía dependiendo de la percepción particular, pero por lo menos en definición no. Veamos el Diccionario de la Real Academia de la Legua el cual nos dice que "superstición es una creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón", también una “fe desmedida o valoración excesiva respecto de algo”. Entonces nos encontramos en un bache, ya que si la fe religiosa no se encuentra en el campo científico entonces la podríamos catalogar de superstición, sin embargo, la fe tiene algunas diferencias marcadas, por ejemplo, en la superstición, la fuerza supra natural que actúa es arbitraria y disgregada de las demás, mientras que una religión tiene un sistema teológico y filosófico que afirma la existencia de un ser superior el cual actúa en el universo.
En segundo lugar, de cada religión se deriva, además de la espiritualidad, una moral, mientras que en numerosas supersticiones sólo se necesita la actuación del individuo para tener suerte o desgracia.
Por último, la religión no busca la verdad, solo busca que el feligrés actúe de acuerdo al mandamiento del “ente” o “entes” superiores a fin de ser “salvo”, mientras que la superstición afirma por sí misma ser la verdad sin necesidad de pasar por el proceso científico, por lo cual la fe religiosa y la superstición no comparten características.
Por otro lado, tenemos algunas cosmovisiones esotéricas herméticas que han considerado los estados de conciencia alterados como una prueba de la existencia de sus creencias. Su conocimiento parte de fuentes totalmente diferentes a las de la ciencia. Son fruto del desarrollo de supuestas capacidades en el individuo que le hacen pasar los límites de la percepción sensorial normal. Lo anterior mediante meditación, autosugestión, privación del sueño, ayuno, deshidratación, drogas, intoxicaciones, entre otras. Los creyentes de estos métodos aseguran experimentar la realidad más allá de la normalidad, lo cual definen como otro nivel de conciencia, lo cual dejamos a su consideración sobre la base del libre pensamiento y siempre partiendo de que la superstición se alimenta de la creencia en ella misma.
Ahora pasemos a la ciencia, entendida como: "el conjunto de conocimientos objetivos y verificables sobre una materia determinada que son obtenidos mediante la observación y la experimentación". Para ello contamos con la predicción, predicción que constituye una de las esencias claves de la ciencia.
Así, el éxito se mide por el éxito o acierto que tengan sus predicciones, sobre la comprobación irrefutable de las hipótesis que sustentan una teoría. La predicción, en el contexto científico, es una declaración precisa de lo que ocurrirá en determinadas condiciones.
Entonces, regresando al campo de la superstición, es poco probable que “tirar sal” o “ver un gato negro” nos traiga mala suerte ya que las condiciones establecidas no tienen relación de probabilidad alguna y aún con ello la superstición afirma su veracidad hasta el punto de hacernos creer en ella.
Por último, tenemos a la charlatanería que suele confundirse mal intencionadamente con el esoterismo o el ocultismo, pues a menudo los charlatanes se presentan como astrólogos, adivinos, numerólogos, médicos, curanderos, líderes espirituales y vendedores de remedios milagrosos y en general maestros de cualquier ciencia de la época. Prácticas que dependen de la ingenuidad de la gente. Todo charlatán debe tener alguna habilidad especial; la más común es el don de la palabra, mediante la que logra embaucar a su audiencia, por lo general inculta en la temática que el charlatán postula.
Otra de las más comunes es la prestidigitación (movimiento rápido de las manos), mediante la cual se hacen los cambios oportunos de productos que entregan o reciben. A menudo los poseedores de la primera habilidad mencionada se asocian con los de la segunda, para mejor llevar a cabo sus estafas.
La “fe” no tiene porque ser relacionada con la superstición a pesar de que ninguna se relacione íntimamente con el método científico más aún porque diversas religiones como el cristianismo no tienen a la razón como algo ajeno a su credo, al contrario de la superstición que por definición la excluye.
Por su parte la ciencia no se encuentra peleada con la fe, al contrario, cada vez se acortan más los caminos entre ambas.
Por último, la charlatanería es usada por diversos personajes a lo largo de la historia sobre todo hoy en día para enriquecerse abusando de la confianza, la fe, las supersticiones y sobre todo la ignorancia de la gente.
La masonería, sobre la base del libre pensamiento que se desarrolla sobre la base de la escuadra de la razón y el compás de la comprensión, tiene las herramientas conceptuales y la formación intelectual que a lo largo de su vida masónica, aunque aquilatada especialmente en el «Grado de compañero», se forja y le adiestra para comprender y saber diferenciar una premisa cuando parte de un supuesto de superstición, cuando de fe religiosa o de un pedestal racional.
AEMRD
