Trazado de Mario Morales Charris .·.
La Muy
Respetable Gran Logia del Norte de Colombia como miembro activo de CLIPSAS, le
correspondió asistir al cuadragésimo primer (XLI) Foro y Asamblea realizado en
el mes de mayo de 2002 en la ciudad de Curitiba, Brasil.
En el mencionado Foro se trató el tema ÉTICA Y MASONERÍA: El Masón entre la
duda y la certeza, el cual nos llamó la atención por ser la ética una cuestión
propia de todo Masón, considerada como parte básica de la Francmasonería. Por
esta razón —sin que seamos unos eruditos en la materia— hemos tenido la osadía
de reflexionar sobre este asunto. Por tanto, nuestro objetivo es demostrar
mediante la reflexión —utilizando como herramientas de análisis algunas teorías
filosóficas— que los Masones con un sentido de pertenencia y con unos
principios claros de lo que es nuestra Institución, no podemos caer en la
incertidumbre o dudar de la ética de un H:. y/o de la Francmasonería, sino que
tenemos el conocimiento cierto o epistemológico de los fundamentos éticos de
los mismos. Estos fundamentos o principios éticos los logramos después de
iniciarnos en nuestros augustos misterios, con el estudio y la investigación,
es decir, con el pulimento de la piedra bruta alcanzamos a enmarcarnos en un
paradigma hacia la perfección.
Hace aproximadamente dos mil años, Lucio Anneo Séneca, escribía a su discípulo Lucilio: “Quien se halle resuelto a ser feliz, crea que el único bien es ser honesto”. En cambio otros grandes pensadores mucho antes que Séneca, centraron su atención en establecer una disciplina filosófica de la conducta. La antigüedad clásica está inmersa en una búsqueda permanente del sentido moral de la conducta humana, desde la política a la guerra, desde el amor al mismo acto de morir. Pero a lo largo de la historia, han sido los períodos de decadencia los momentos en que con mayor angustia nos hemos preguntado, no sólo los Masones sino el mundo profano, acerca de las razones que llevan al hombre a abandonar el camino del bien. Cuando la salud moral de los Estados declina, la primera duda que surge es siempre acerca de la conducta humana. Aristóteles ya había planteado la ética como una disciplina filosófica separada, y sus esfuerzos perseguían la necesidad fundamental de definir qué era el bien... cuál era el fin último del bien. Desde entonces el mundo ha cambiado mucho; mientras que, la ética sigue planteando el mismo dilema, el de la conducta humana frente al bien propio y al bien común. Para ello es necesario, antes de profundizar en estas reflexiones, preguntarnos primero ¿qué entendemos entonces por ética? y ¿qué es la moral?
CONCEPTOS DE ÉTICA Y MORAL
La palabra “ética” proviene del griego y tiene dos significados. El primero procede del término éthos (que quiere decir hábito o costumbre. Posteriormente se originó a partir de éste la expresión êthos que significa modo de ser o carácter. Aristóteles —en su obra Ética a Nicómaco, libro II— considera que ambos vocablos son inseparables, pues a partir de los hábitos y costumbres es que se desarrolla en el hombre y en la mujer un modo de ser o personalidad. Igualmente es el primero en hablar de una ética como una rama específica de la filosofía y en escribir un tratado sistemático sobre ella. Más tarde a través del latín se tradujo este concepto bajo la expresión mos, moris (de donde surge en castellano la palabra “moral”) que equivale únicamente a hábito o costumbre.
La ética y la moral tienen en común el hecho de guardar un sentido eminentemente práctico; a pesar de esto, la ética es un concepto más amplio y rico que la palabra moral. Luego, podemos entender por moral cualquier conjunto de reglas, valores, prohibiciones y tabúes procedentes desde fuera del hombre, es decir, que le son inculcados o impuestos por la política, las costumbres sociales, la religión o las ideologías. Mientras que, la ética siempre implica una reflexión teórica sobre cualquier moral, una revisión racional y crítica sobre la validez de la conducta humana. En tal caso, la ética, al ser una justificación racional de la moral, remite a que los ideales o valores procedan a partir de la propia deliberación del hombre y la mujer. Mientras que la moral es un asentimiento de las reglas dadas, la ética es un análisis crítico de esas reglas. Por eso la ética es una “filosofía” de la moral, si entendemos la filosofía como un conjunto de conocimientos racionalmente establecidos.
La moral no es ciencia, sino el comportamiento consciente, voluntario y responsable, sujeto a normas como ya lo hemos expresado. Por lo contrario, la ética pretende desarrollar la moral misma, sin que por eso deje de influir en ella. Esta incidencia es lo que explica las diversas doctrinas acerca del comportamiento moral del ser humano, como el formalismo kantiano, el utilitarismo, el pragmatismo, el positivismo, el marxismo, etc.
La moral nace con la existencia misma del hombre y la mujer, pues históricamente no se conoce ningún pueblo, por “salvaje” o “primitivo” que se lo quiera suponer, que no haya tenido normas, pautas o rituales de conducta. Por su parte, la ética como saber teórico que justifica o legitima la conducta moral, es relativamente reciente y aparece con el advenimiento de la filosofía en el siglo VI a. de la e\ v\ en Grecia. No obstante, la práctica de una ética teórica en sentido estricto surge hasta el siglo V a. de la e\ v\ con Sócrates —Platón, Apología, 29D S.S.— quien hace tambalear la moral de su sociedad al proponer como primordiales los valores espirituales antes que los materiales.
La moral suele ser inseparable de las costumbres humanas, las cuales dependen de la época, el clima, la región geográfica o de cualquier evento circunstancial. En este sentido, la moral es cambiante y relativa a determinadas prácticas culturales. El hombre y la mujer generalmente se hallan determinados por los valores de la sociedad en donde viven, y por eso consideran que las conductas acertadas son las que se amoldan con esos patrones. Es más en un caso tan controvertible como el aborto, llama poderosamente la atención que las mujeres de los países cuya práctica es legal suelen padecer menor remordimiento que en aquellos en que es ilegal e inmoral. Usualmente, el influjo que ejerce la sociedad sobre sus miembros siempre es mayor que el esfuerzo por educar a cada nueva generación de acuerdo con su propio y verdadero sentido. Así, la estructura de toda sociedad descansa en las leyes y normas escritas o no escritas que unen y ligan a los individuos. De esta manera, la moral es lo que no es diferente dentro de toda forma de asociación, lo mismo si se trata de la familia, una clase social, una estirpe o un Estado. La cuestión de fondo radica en que el hombre y la mujer si son unos simples seres pasivos que aceptan todos los estándares de conducta que la sociedad les confiere, esta sociedad se destruye porque por lo general no son los valores más humanos los que prevalecen.
A pesar del incesante “cambio” de moral, lo valioso estriba en establecer un criterio para delimitar las acciones buenas de las malas. Si consideramos que el ser humano es sólo un ser de costumbres, realmente no lo podríamos distinguir del animal. Pero si consideramos que es un animal con lógos, o sea, que habla y piensa, lo bueno y lo malo no sólo es elegido por la colectividad, sino por la propia razón. Muchas veces el hombre y la mujer creen que piensan por el solo hecho de seguir los dictados de la mayoría y no se percatan de que la sociedad, aun antes de que nazcan, ya les ha escogido sus valores. Pero si alguien es capaz de reexaminar esos valores, ya sea para eliminarlos, fortalecerlos o formar otros nuevos, significaría que también es capaz de pensar por sí mismo y de elaborar una ética o filosofía moral. Por eso resulta fundamental el que la razón se convierta en una fuerza que le permita gobernar al hombre y a la mujer los apetitos que comparte con los animales, al dominarlos en una medida compatible con el bienestar de todo su ser. Si los seres humanos únicamente reaccionáramos ante los estímulos del medio, en nosotros sólo imperaría lo instintivo y lo irracional. Pero además de ello, podemos crear otorgando significados y símbolos y elevar nuestra humanidad a veces a costa del sacrificio de nuestra utilidad personal. Filósofos como Platón y Aristóteles —en sus obras: Platón, Fedón, 73A; Aristóteles, Metafísica, 980b 26— distinguieron la razón de la sensibilidad, considerando a esta última como la fuente de las creencias infundadas y —en Platón, Timeo, 70A; Aristóteles, Ética a Nicómaco, 1102b 15— como el origen de los apetitos que se comparten con los animales. Asimismo, a los estoicos —Diógenes Laercio, Vidas y opiniones de los filósofos más ilustres, VII, 1, 85 - 86— se les debe la división entre los animales y los hombres: a los animales les es dado como guía el instinto, que los lleva a conservarse y a buscar lo ventajoso para ellos; a los hombres les es dada la razón como la más perfecta guía y, por tanto, para ellos vivir conforme a la naturaleza significa vivir conforme a la razón
Emmanuel Kant llegó a teorizar la obligatoriedad necesaria de las normas morales en cuanto a mandamientos de la razón. La ética kantiana se apoya en dos puntos de fuerza: la universalidad de la ley moral, que la distingue de todas las otras normas, y la dignidad del hombre por la cual nadie puede ser tratado como medio o instrumento, es decir como cosa.
Hoy se advierte la exigencia de que la conducta de los individuos, aislados o reunidos en la comunidad, no se vea condicionada por el temor de la sanción sino estimulada por el deseo del honeste vivere, que presupone una íntima convicción de la validez de los inalienables principios morales.
Por último, la ética la podemos definir como una explicación o teoría del comportamiento moral de los individuos en la sociedad. De acuerdo a este concepto no debemos confundir el objeto estudiado, es decir, el llamado mundo moral, constituido por aquellos actos que el ser humano realiza de manera consciente, voluntaria y responsable, con la ética que es teoría de dicho objeto.
CONCEPTOS ÉTICOS DE LA MASONERÍA
Con el advenimiento de las Revoluciones sociales inspiradas en principios de la naciente Masonería especulativa, surgen conceptos que inspiran su divisa de Libertad, Igualdad y Fraternidad; los dos primeros, producto de ese movimiento reivindicativo del ser humano. Es así, como se incorporan a la Francmasonería, el Librepensamiento, el Laicismo y el Humanismo, todos propiciados por Francmasones.
En esencia se trata de saber, sí la Masonería tiene, entonces, Principios, Doctrina y Filosofía. Para ello, trataremos de conceptuar de manera concurrente, los tres aspectos que le dan vigencia y práctica.
Los Principios, son realidades de las cuales derivan las cosas. Son razones por lo cual todas las cosas, son lo que son. Se nos presentan como proposiciones básicas o verdades primeras, que configuran la preceptiva de la Institución. Los Principios Masónicos son entonces, las verdades orientadoras de la esencia y de la realidad de nuestra Orden.
Del desarrollo en sociedad se perfilan los Principios. Educados y formados en esas prácticas de convivencia, se va formando la Doctrina, que como brújula, va señalando al hombre y a la mujer, el norte de sus vidas, creando para su cumplimiento, normas de conducta. En la búsqueda incesante de la Verdad y del Conocimiento, se encuentra el ser humano a sí mismo, a sus valores (Axiología), a su Ser (Ontología), al comportamiento (Etica) de su accionar, su trascendencia (Metafísica); y a todo ello llama, Filosofía.
Luego
entonces, ¿tiene la Masonería, una Filosofía propia? ...Claro que sí la
tiene, aunque no exclusiva. Decía un autor Masónico al respecto, que “No
obstante la geométrica hechura de un sistema filosófico como el de un Descartes,
o de un Espinoza. Tampoco es una escuela porque no la fundó un pensador
determinado, ni una Institución porque no fue constituida por persona alguna;
su sistema ideológico, se adapta a las evoluciones y revoluciones del mundo de
la cultura, en ello no opera, la rigidez de una docencia gradual, coordinada”.
Es tributaria de la Doctrina Esotérica y Tradición Iniciática, que no es obra
de un solo pensador, sino el resultado de milenios de Sabiduría y, el esfuerzo
hacia esa Sabiduría, como diría Jámblico, es su base filosófica.
La filosofía Masónica la fundamentamos en la razón porque la racionalidad
humana es el elemento que nos libera de prejuicios (ideas fundadas en la
ignorancia), estereotipos (imágenes rápidas y simplificadas de la realidad) u
opiniones arraigadas pero falsas, y que nos permite establecer un criterio
universal o natural para regir nuestra conducta. En este sentido, la razón es
capaz de penetrar en las leyes que rigen la perfección y la dignidad humanas,
las cuales son válidas para todos los tiempos y todas las culturas, siempre y
cuando no sean el resultado de los intereses individuales o las conveniencias
egoístas. Por eso una de las misiones de la Francmasonería se centra en
fundamentar una ética cuyos valores sean universales y permanentes, y no el
monopolio de una raza, un credo o una determinada civilización. La ética para
nosotros los Masones es el arte de la perfección humana que se extiende desde
los individuos concretos hasta el conjunto de todos los seres racionales. En
este orden de ideas, la ética es una forma saludable de vida que muchas veces
implica apartarse de las prescripciones que imponen los grupos mayoritarios, en
vistas a un desarrollo auténticamente humano.
Por todos estos motivos, es conveniente señalar, que la ética que practicamos
los Masones la soportamos en los principios de laicidad, humanismo, libertad y
tolerancia, entre otros.
1.- La Moral Laica
El concepto de Laicidad es un concepto que ha evolucionado en el correr de la
historia. La concepción antigua lo limitaba a los hechos religiosos, el
Laicismo moderno lo encontramos a partir del siglo XVI, principalmente en
Francia al manejarse las ideas Humanistas a las cuales se le incorporaron
aspectos doctrinales a la Francmasonería por la Masonería Francesa. En los
siglos XIX y XX el significado se extiende a lo ideológico, sociopolítico y
filosófico. En este desarrollo socialmente condicionado entendemos que en el
siglo XXI el concepto de laicidad deberá caracterizarse por girar en torno a
una postura que se defina también como esencialmente ética. La laicidad será
una dimensión de la ética.
Aproximándonos a una definición de Laicismo, la hallamos en el excelente
trabajo del Q:. H:. Chileno Sebastián Jans donde expresa que Laicismo es “la
doctrina que defiende la independencia de las personas y de la sociedad en su
conjunto, frente a la pretensión hegemónica de los dogmas”. Es decir, aquella
doctrina que impide a los dogmas, manifestarse como mecanismo de poder.
La posición Masónica y Laica en lo Ético es sustancialmente humanista y se
sustenta en algunas bases o ideas matrices de las cuales se deriva un código,
no explícito, y quienes asumen tal posición pueden encontrar guías o
insinuaciones para sus conductas morales concretas.
El Laicismo, rechaza los regímenes teocráticos que subordinan un Estado a una religión.
Igualmente, rechaza la subordinación de la religión al Estado quién la
organiza. El Estado Laico no profesa una ideología religiosa ni tampoco
irreligiosa.
El Laicismo, invita a todos a vivir su religiosidad, con respeto al derecho que
tienen los demás, a vivir una religiosidad distinta.
Un Estado Laico permite —en un marco de igualdad de oportunidades— la libre
comunicación de las ideas y el desarrollo pleno de la persona humana. Por ello
esta concepción está asociada al concepto de la TOLERANCIA, al respeto que la
sociedad le debe a cada uno de sus integrantes y a la posibilidad de que el
libre albedrío desarrolle sus facultades.
La libertad de conciencia, no es excluyente sino englobante, tampoco es
limitada sino comprensiva. La laicidad es la garantía de la convivencia, es el
equilibrio de nuestra sociedad, permitiéndonos igualdad de condiciones y
formación para una libre elección posterior de acuerdo a nuestra filosofía. La
laicidad es en nuestra sociedad como la plomada en nuestro Templo. Y no podemos
permitir su mengua... porque existe o no existe, en ella no puede haber asuntos
vagos.
Por todo lo anterior convocamos a los HH\ a estar conscientes frente a los
embates dogmáticos que se puedan dar y especialmente a actuar bajo todas las
formas posibles para que ningún dogma acalle nuestras voces, pensamiento y
libertad.
2.- Humanismo
El Humanismo fue la primera tentativa coherente de elaborar, mediante el ejercicio
de la razón, una concepción del mundo cuyo centro fuera el hombre y la mujer.
El Humanismo puede ser considerado como el origen de todo el pensamiento
moderno, porque con él, el ser humano no queda sujeto a ningún límite para
explorar su propio pensamiento.
El Humanismo fue un movimiento intelectual que germinó durante el siglo XIV, en
las postrimerías de la baja Edad Media, y que se manifestó plenamente, en el
siglo siguiente, en el Renacimiento. Con el Humanismo se rompieron las
tradiciones escolásticas medievales y comenzó a darse un sentido racional y
creador a la vida.
El Humanismo no apareció de una forma brusca. Sus orígenes son complejos. La
cronología de su nacimiento parece imprecisa. Por ello su herencia es relativa
a la edad media.
El Humanismo reivindica la capacidad del ser humano para pensar por sí mismo,
sin trabas ni tutelas, y para perseguir fines trascendentes.
El Renacimiento no consistió sólo en un mero resurgir erudito de la literatura
o de la filosofía grecorromana o en una vulgar imitación de las formas
artísticas de la Antigüedad. Asociado historiográficamente a ese concepto
aparece aquel otro, el Humanismo, que completa la idea inicial de que nos hallamos
en una época nueva y, en consecuencia, distinta de aquélla, la antigua, que se
tomaba como modelo. Justamente, fue la renovación de la cultura el aspecto más
notoriamente destacado por sus propios protagonistas, aquellos que hablaron por
primera vez de Renacimiento.
El objetivo básico del Humanismo es el hombre, la mujer y la significación de
la vida. En función de los seres humanos y de la vida, deben plantearse todas
las cuestiones cosmológicas. El empleo de la razón y la nueva visión del mundo
introducida por el Humanismo perviven y se desarrollan hoy más que nunca.
La principal preocupación de la Masonería ha sido siempre el ser humano. Éste
lo encontramos en todos sus rituales, no como una realidad estática, sino como
un proceso dinámico no terminado, que se va construyendo a sí mismo desde la
cuna al sepulcro. El ritual de Primer Grado lo dice: “La humana sociedad con
todo el terrible cortejo de pasiones, odios, celos, traiciones, guerras y
calamidades de toda clase a que dan nacimiento los mezquinos impulsos del
interés y del egoísmo, contra los cuales ha de luchar sin tregua el hombre
virtuoso”.
Contrariamente a otros Humanismos, destinados a conquistas y promesas
ulteriores en el “más allá”, la Masonería sabe que hay nuevos desafíos que
perturban al hombre y a la mujer en su irrenunciable tarea de vivir aquí, en la
tierra, con aspiraciones legítimas de bienestar.
Muchas corrientes filosóficas y políticas se titulan Humanistas. Pero el
Humanismo Masónico es de compromiso y de trabajo con fuerzas progresistas, de
comprometerse a ser sin desligarse del valor moral, y de comprender y enseñar.
El Humanismo Masónico es elegir y, aún, mucho más, es un instrumento
heurístico, de creación, de primera magnitud en la filosofía de la sociedad
actual, capaz de conducir, a través de la doctrina y del rito, por caminos de
superación espiritual y de aporte a la sociedad en que se vive. El Humanismo Masónico,
gira en torno a los conceptos del ser humano, razón, libertad, autonomía,
independencia, ética.
En general, el Humanismo Masónico invita a ser mejores, pero, también, a
levantar la voz en contra de todas las injusticias, como lo hicieron en su
tiempo aquellos notables y valerosos patriotas americanos. La Masonería anhela
y lucha porque el hombre y la mujer vivan en paz y con dignidad en una
democracia que no sea torpe ni ciega, en una democracia capaz de exaltar y
garantizar sus derechos inalienables. La Masonería es la gran aliada del ser
humano, es la maestra ética y solidaria que quiere iluminar al hombre, a la
mujer y a la sociedad para que cumplan aquí, sus utopías y sueños originales de
paz y bienestar.
3.- Libertad
La libertad es una de las columnas sobre las que reposa la Francmasonería.
Existe libertad cuando nuestra voluntad no está encadenada a otras voluntades
que nos obliguen a obrar en contra de nuestras legítimas aspiraciones o
inclinaciones. El Masón, debe luchar no solamente por su libertad, sino porque
todos sus semejantes sean libres. Suprimida la libertad, aparece el despotismo
y la esclavitud.
Hemos dicho, cómo uno de los logros de la Revolución Francesa, lo constituye,
indudablemente, la concepción de la libertad que se fue esparciendo
progresivamente y en esa ardua tarea, conquistó libertades muy significativas
que han dignificado al hombre y a la mujer en su más amplio espectro. La
primigenia de las libertades alcanzadas, tiene características internas de cómo
ve el ser humano su evolución y progreso espiritual y material, libre de
sofismas esclavizantes, de dogmatismos y determinismos. Es por ello que el
Libre Albedrío orienta al ser humano sobre la base de construir su vida con
esfuerzo y libre determinación, y no sobre un destino preestablecido por una
voluntad suprema. Él labra y cosecha su propio destino sin influencia de
manifestación divina alguna.
Con todo, el ser humano ha conquistado otras libertades, impulsadas en su gran
mayoría, por la Masonería Operativa. Por ejemplo, libertad de conciencia y de
pensamiento, la de cátedra, imprenta, expresión, cultos y libertad absoluta de
conciencia, entre otras concepciones de Libertad. Somos entonces por
antonomasia, librepensadores, es decir, hombres y mujeres de pensamiento libre,
no limitados por dogmas y con derecho a manifestar, defender y propagar
nuestras propias opiniones.
Para finalizar creemos conveniente anotar que, es de suma importancia que los
Masones tengamos en cuenta el Artículo primero de la Declaración Universal de
los Derechos Humanos: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en
dignidad y derechos, y dotados como están de razón y conciencia, deben
comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Por tanto, es una
declaración que se identifica en todas sus partes con la Ética Masónica.
Asimismo, debemos señalar que esos derechos del enunciado son irrenunciables e
inalienables. Sin embargo, en muchas ocasiones estas libertades son conculcadas
en nombre de la paz ciudadana.
Pese a que la Ética Masónica plantea una libertad absoluta. Ésta queda limitada
por la Ley, es decir, por ese contrato social que todos suscribimos
sacrificando parte de nuestra libertad con el fin de vivir en paz, orden y
armonía. Por el contrario, en ocasiones, el fascismo, el fundamentalismo, el
poder desmesurado en lo económico, en lo político y en lo religioso, son restricciones
e impedimentos de la libertad legalmente manifestada.
Luego de estas reflexiones, podemos concluir lo siguiente:
a) La ética busca que los actos humanos se orienten hacia la rectitud. Con esto
se indica el estudio de aquellos actos que contribuyen al perfeccionamiento, y
es precisamente, la rectitud una de las primeras exigencias que hace la
Francmasonería cuando un profano pulsa nuestras puertas.
b) La Francmasonería es una institución universal esencialmente ética, laica,
filosófica, cuya estructura tradicional la constituye un sistema educativo
consignado en las liturgias de los distintos grados.
c) La ética que practicamos los Masones es humanista, con una visión científica
del acontecer natural y social a favor del progreso del ser humano. En
consecuencia, tenemos el pleno convencimiento que la Francmasonería es una
escuela que proyecta al ser humano hacia la perfección. Por tal motivo no
podríamos encontrarnos en medio de la duda por tener las suficientes razones
—de acuerdo a estas reflexiones— que nuestra Institución nos provee de las
herramientas necesarias para quitarnos las aristas como piedra bruta que somos
y así, repetimos, alcanzar el camino hacia la perfección.
d) Como quiera que la crisis de valores se ha tomado todos los pueblos de la
tierra; el problema del fanatismo en todas sus formas, la intolerancia, la
corrupción; el hombre se encuentra cada vez más solo enfrentado a su entorno;
la indiferencia ante los problemas de los demás está cada vez más arraigada en
nuestra conciencia. Frente a esta actitud de soledad y desorientación, se hace
necesario el desarrollo de la Ética Masónica para contribuir con el progreso de
la humanidad.
Agosto, 2007 e:. v:.
Q:. H:. Mario
Morales Charris 33º
Ven:. Maest:. Resp:. Log:. Lealtad No. 7
Ex Gran Maestro de la
Muy Resp:. Gr:. Log:. del Norte de Colombia
Pres:.
Gran Consejo de Cab:. Kadosch «Lealtad Nº 3»,
Cám:. 30°
