Ponencia presentada en la reunión de academias masónicas celebrada en Mato Groso Brasil, abril del 20256 (e.·.v.·.), por el Q.·. H.·. Carlos Mora, Gran Secretario de la Gran Logia de la República Dominicana.
Una realidad recurrente, desde finales del siglo XX y particularmente en lo que va de esta época, es el aumento de la deserción de hermanos masones en la mayoría de los orientes o, para endulzarlo en términos masónicos, QQ.·. HH.·. que entran en sueño.
Ahora, ¿que hacer frente a esta alarmante situación?
Lo primero es evaluar el grupo etario mayoritario que ingresa y por cuales razones.
No manejamos estadísticas verificadas, pero por nuestra experiencia en República Dominicana, quienes tocan puerta ante la Orden la mayoría son individuos adultos, cuya edad promedio sobrepasa los 30 años, siendo muy pocos los que se encuentran bajo del precitado umbral.
La mayoría de los jóvenes no se sienten motivados por las asociaciones que valoran las tradiciones y si hay un grupo reducido que muestra interés por áreas del conocimiento como la historia, filosofía o cualquier otra de las ciencias sociales, no percibe que la Masonería sea una institución que, a pesar de su longevidad y acervo histórico, pueda llenar sus expectativas y, en termino general, hemos pasado de ser una Orden secreta, que cautivaba por el misterio y su fuerza intelectual, a una discreta, que no encanta por ser visible comunicando pocas cosas extraordinarias para el interés del profano.
Ahora bien, quien ´toca puerta´ lo hace con una idea preconcebida que en la mayoría de las veces es errada y al observar el accionar de la Orden, se decepciona y entra en ´sueño´.
Vivimos una sociedad signada por lo material, marcada por una dinámica en la cual valores y creencias son desechados, al tiempo que la avidez de confort, gracias al progreso tecnológico, está creando una humanidad donde racionalizar situaciones y procesos se lo dejan a la informática, creciendo en nuestras comunidades una camada de perezosos mentales, por decir lo menos. De cara a esto, como ayer frente a la tiranía de la ignorancia sostenida por elites gobernantes en el ámbito político, religioso y social; hoy la masonería debe reaccionar y para ello debe adecuar su organización, sus programas, su accionar, sin perder de vista los valores aquilatados en la larga y enjundiosa tradición masónica.
Teniendo plena consciencia del drama social que vivimos cabe preguntarnos:
Repetimos, ¿el problema es que los profanos que ingresan actualmente no encuentran lo que esperaban?, ¿qué las logias no ofrecen motivos para quedarse?; o ambas cosas. Estas interrogantes deben ocuparnos si queremos ver una masonería quizás no archi numerosa, pero si aquilatada en formación masónica y útil a la sociedad, recordemos que las grandes acciones históricas la adelantan grupos reducidos y, como ejemplo, las logias lautarinas que promovieron la independencia en Hispanoamérica.
Hoy la humanidad, en nuestro mundo occidental, es esencialmente individualista y hedonista, tratando de obtener el máximo de beneficio y satisfacción en su vida diaria, cambiando de posiciones como quien cambia de ropa por hacerse obsoleta gracias a la nueva moda. Hay una creciente disminución del espíritu cívico. Solamente se guarda fidelidad al equipo deportivo, sea este de beisbol, futbol entre otros.
Es la rebelión de las expectativas ya que el ciudadano espera y exige recibir lo que cree que le corresponde, pero es reacio a contribuir de su parte con la sociedad. Sencillamente, esta actitud es por crisis de valores. Son éstos los que le dan un sentido a la vida humana. Y los valores son las columnas que aquilatan la existencia de la masonería a lo largo y ancho del mundo.
Por ello debemos pensar en la imagen que tiene el profano cuando toca puertas. Quizás piensa que entra a una organización secreta que busca el control del mundo, algunos esperan encontrar relaciones económicas, otros que aprenderán practicas ocultista, habrá quien especula en la filantropía, otros en la tradición histórica libertaria.
El problema está cuando el aprendiz comienza su vida masónica y por desventura ingresa a una logia que le falta dirección, entusiasmo y visión. Desafortunadamente, no son pocas las que existes con estas características en Latinoamérica. Así que el aprendiz, compañero e incluso maestro que asiste a las tenidas, concurre como simple espectador y poco o nada puede asimilar de autentica masonería.
La masonería de los siglos XVII, XVIII y XIX atrajo a filósofos y científicos, aristócratas y pensadores, que encontraron en las logias masónicas un ambiente apropiado para exponer sus pensamientos y revelar sus descubrimientos sin temor a la represión política o religiosa.
En este punto recurro a la historia para poder concebir el presente.
Durante el siglo XVII, ocurre un hecho histórico de trascendencia universal: la Revolución inglesa. Esta fue una serie de conflictos armados que se libraron entre quienes apoyaban al rey y los defensores del parlamento, que aspiraban una forma de gobierno más democrática. Estos sucesos ocurrieron entre 1642 y 1688, que devino finalmente en un gran acuerdo que instituyó una monarquía parlamentaria sujeta a un régimen constitucional consuetudinario, no escrita, basada en costumbres y tradiciones reiteradas por la comunidad, que ha evolucionado hasta lo que hoy conocemos como el sistema británico de gobierno.
Esa época estuvo signada por una sucesión de eventos que marcaron a la humanidad, al menos en nuestra civilización occidental.
Primero, la Ilustración, que fue un movimiento cultural e intelectual europeo que tuvo lugar desde mediados del siglo XVII hasta principios del siglo XIX, especialmente en Inglaterra, Francia y Alemania. Inspiró profundos cambios culturales y sociales, entre otros, la difusión del racionalismo ilustrado dando paso al llamado Siglo de las Luces y la inclinación por la fe en el progreso.
Fue el tiempo de filósofos como Francis Bacon (1561-1626), quien abogó por la razón para entender el mundo y el hermano masón John Locke (1632-1704), quien defendió la tolerancia religiosa y la separación de poderes, sentando las bases para el pensamiento ilustrado posterior, enfocándose en la experiencia y la razón.
Es el tiempo de los inicios de la Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural, en inglés: Royal Society of London, agrupación fundada alrededor del año 1660, que representaba los principios científicos de la época.
Había interés por la medicina científica, geografía, antropología, física entre otras ciencias; aquello en medio de una Inglaterra que vivía un proceso revolucionario que implantó la monarquía parlamentaria y abrió las puertas al liberalismo que serviría de zapata a la Revolución Industrial y, entre ambos, dieron al traste con el régimen feudal.
En ese ambiente de investigación y progreso nace la masonería filosófica con una visión fundamental: el progreso sobre la base del aspecto ético. Luego se formalizará como Gran Logia en Londres 1717.
La masonería guiaba a los investigadores por el delgado sendero de tener dominio de la ciencias naturales y sociales con clara consciencia de que, sin ética, nos conduce a la construcción de monstruos como los del Dr Frankenstein, un terror para la sociedad.
Pero tampoco convertimos en una suma de virtudes sin conocimientos, porque nos transformaremos en una suerte de ermitaño que poca utilidad tendrá para la Gran Obra social en este plano existencial.
Veamos brevemente otros ejemplos: la Guerra de Independencia de los EE. UU., posteriormente la Revolución francesa y en las revoluciones tanto de Hispanoamérica como las democráticas en la Europa del siglo XIX, donde se impuso el modelo republicano en este lado del océano Atlántico, así como las monarquías constitucionales en la mayoría de la vieja Europa.
Así que aquel individuo que ingresaba a la Masonería buscaba un espacio donde desarrollar su inspiración sin obstáculos, ya que era una asociación de hombres libres y de buenas costumbres.
Luego, oh sorpresa, se encontraba con el sendero iniciático que aquilataba sus ideales sobre la base de la construcción de su templo individual de virtud. Era todo ganancias para quien tocaba puertas y se iniciaba poque eran individuos de tal reconocimiento social que ejercían lo que hoy denominamos el ¨efecto llamado¨, nutriendo las logias de valores humanos de altísima calidad.
Hoy, en nuestro tiempo, la masonería puertas afuera realiza actividades de superior valor social, especialmente filantrópicas, pero estas las adelantan muchas otras organizaciones públicas y privadas, religiosas y seglares, en este sentido no somos un grupo reducido que llame la atención del profano. Algunas realizan acciones culturales como charlas, exposiciones de arte, entre otras. Nada extraordinario en el contexto social contemporáneo. Ojo, en absoluto las calificamos como negativas, no; decimos que no aportamos nada distintivo.
Hoy la humanidad transita por problemas medio ambientales que la masonería debería manifestar solidaridad con muchas de las causas activas en nuestro orbe.
El tema de los derechos difusos, que son intereses supraindividuales que pertenecen a un grupo indeterminado e indeterminable de personas, como los señalados del medio ambiente, pero también el patrimonio cultural e histórico, seguridad vial, ornato público, o el de los consumidores, entre otros; la Masonería no debe estar ausente con el debido cuidado de no entrar en diatribas partidistas.
Vivimos en el mundo Occidental y nuestra civilización, de raíces greco latina, está siendo amenazada por factores complejos y multifactoriales que comienzan a dar señales de debilitamiento social que se manifiesta en aumento de los feminicidios, fragilidad de la estructura familiar, desdibujamiento de los roles del hombre y mujer sin que esto signifique justificar ejercicio discriminatorio de tiempos pasados y que aún se practica en algún grado en muchos países.
Tensiones internas en nuestras sociedades y manifestaciones antioccidentales sobre la base de hechos ocurridos incluso siglos atrás o de eventos individuales que los magnifican para beneficio de cualquier de los sectores en pugna.
Quizás el mayor peligro que enfrenta la humanidad es la implantación del posthumanismo.
El posthumanismo es una corriente filosófica y cultural que busca superar el antropocentrismo, rechazando al ser humano como centro y medida de todas las cosas.
El posthumanismo conlleva riesgos significativos al buscar superar la condición humana mediante tecnología, amenazando la dignidad intrínseca y la singularidad. Sus peligros incluyen la pérdida de la esencia humana, el aumento de la desigualdad social, la mercantilización de la vida, y la creación de una realidad artificializada.
Si bien es cierto la Masonería, por su esencia, no expresa una postura en la mayoría de los casos planteados, las logias y grandes logias bien pueden abrir sus puertas a un debate constructivo que sea escenario donde las distintas expresiones del pensamiento encuentren espacios de libertad que tanta falta hace en un mundo mediatizado por muchos medios de comunicación secuestrados por beneficios económicos y las redes sociales manejadas por expertos en tácticas de manipulación para engañar al público, aparentando un consenso falso y ocultando sus verdaderos intereses, operando mediante bots informáticos, o sea, los programas de software automatizados diseñados para realizar tareas repetitivas a alta velocidad, imitando el comportamiento humano complementado por los correspondientes algoritmos.
No quiero terminar este trazado sin saludar como positiva la edición de la revista digital FRATERNITAS de la CMI particularmente en su número especial dedicado al importante tema: Masonería y Democracia, la cual coloca sobre relieve la posibilidad real y cierta de colocar a la Masonería como centro de pensamiento de primer orden en nuestro convulsionado mundo.
Si queremos revertir la tendencia, debemos comprender el mundo que vivimos, volver a la tradición libertaria, y comprender que el individuo a pesar de la complejidad de la tecnología de la comunicación, hoy se encuentra sumamente solitario y necesita ese espacio de acompañamiento donde se pueda expresar libremente, y el mejor de todos es la masonería.
Es cuestión de atrevernos.
A L.·.G.·.D.·.G.·.A.·.D.·.U.·.
Es cuánto,
S:.F:.U:.
Carlos
Mora
M.·.M.·.
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