Trazado de J. E. Marconis de Negre.·.
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| J. E. Marconis de Negre.·. |
El origen de la Masonería, lo mismo que aquella de esquilas las grandes instituciones destinadas a ejercer una gran influencia sobre el porvenir de la humanidad, se pierde en la noche de los tiempos, miles de opiniones contradictorias han sido emitidas sobre este asunto, miles de sistemas han sido ensayados y hasta hoy, ningún sistema ha podido tomar una preponderancia bastante marcada para reunir en él la opinión general.
Intentar enumerar y de analizar las diversas opiniones sería a la vez un trabajo fastidioso y de poca de utilidad. Sólo dos hechos parecen bien averiguados de todos los autores y pueden servir de punto de reunión. El primero es que la Masonería ha venido del Oriente; el segundo, es que es la continuación de los antiguos misterios, o al menos que ofrece con ellos sorprendentes analogías. “Cualquiera que sea la fuente de donde nos venga la Masonería, dice el H.·. Quentin (Dic. Mac.), es evidente que ofrece hasta en sus menores detalles”, más que recuerdos y trazos de una antigua iniciación."Es en Asia, (dice el H.·. Valleteau de Chabrefy, en sus Anales Masónicos), la cuna del género humano, que encontramos la más antigua institución de este género, la de los Brahmanes. De Asia el conocimiento de estas verdades sublimes pasó al África, donde se celebraban los misterios de Isis, que tiene una relación sorprendente con la Masonería".Estos dos pasos resumen, salvo ligeras variaciones, las opiniones que son generalmente adoptadas sobre el origen de la Masonería. Uno y otro la ponen cerca de la cuna del género humano, de ello hacen la depositaria de la ciencia primitiva; y es en este sentido que el profundo San Martín ha podido decir: "que tu Masonería eres una emanación de la Divinidad"; y el inglés Smith: "que Adán fue el depositario de la ciencia masónica, y que la tenía de Dios".
Que si, yendo más adelante en una búsqueda audaz, habrá que darse cuenta de los motivos que han hecho dar a esta ciencia misteriosa el nombre de Masonería, será libre de elegir entre la opinión de aquéllos que la hacen derivar de la construcción de la Torre de Babel, esta primera y audaz tentativa del poder de la inteligencia humana; o de aquéllos que quieren encontrar el recuerdo del Templo de Salomón, esta maravilla del arte humano ayudado por la inspiración divina; o por fin de los arqueólogos quienes afirman que en la antigüedad, toda ciencia era simbolizada en una construcción y que, en el lenguaje de los poetas, una ciudad construida, estas no eran de piedras amontonadas, eran de instituciones fundadas.
Las riveras del Gauges y de NU fueron pues testigos de las primeras iniciaciones: la división de las castas, comunes a los egipcios y a los indios, y su número ternario, (comerciantes, guerreros y sacerdotes), indican bastante claramente los tres grados de la iniciación que se reflejan también en las instituciones políticas. Los documentos conocidos hasta hoy son conmovedores la iniciación india: los Vedas, que el rito de Memphis comienza a explorar, nos dará allí algunas luces. En cuanto a la iniciación egipcia, su reputación ha recorrido el mundo de la antigüedad y el mundo moderno: todas las iniciaciones fueron su fuerte.
Los libros sagrados de los hebreos dan homenaje a la iniciación egipcia, contando que Moisés fue instruido en las ciencias de los egipcios, o en otras palabras, que fue iniciado.
De Egipto, los misterios pasaron a los Samothrace, y de allí se esparcieron a Grecia e Italia; Persia las poseía anteriormente. Su acción civilizadora fue tal que Cicerón no ha dudado en decir: "Que los misterios nos han dado la vida, el alimento; que han enseñado las costumbres y leyes a las sociedades, y que han enseñado a los hombres a vivir en humanidad.
El cristianismo vino, y ensanchó el círculo de la iniciación; extendió a todos los hombres los beneficios de la parte moral de los misterios. En cuanto a la parte científica, su gran fundador la descuidó, como menos esencial a su misión; la dejó como un noble pensamiento a los infatigables estudios de los curiosos y de los sabios.
Sin embargo, el cristianismo estuvo lejos de absorber en su seno partes de las ciencias sagradas: la filosofía conservó su independencia, haciéndose a si misma cristiana; Orígenes, Justino, Clemente de Alejandría, Hermias y muchos más padres de los primeros siglos, son una prueba de ello. Hubieron también filósofos que se impusieron la tarea de conciliar y hacer concordar los dogmas cristianos y las enseñanzas filosóficas del paganismo: los Gnósticos y los Maniqueos, anatemizados por la iglesia, ensayaron esta obra, que no carecía de cierto tamaño.
Manès, para quien los segundos han perdido su nombre, nació en el año 257 de la era vulgar. El tenía en esa época, en Egipto, un hombre llamado Scythien, árabe de nacimiento, plenamente instruido de los secretos de los Magos; tenía el conocimiento de los jeroglíficos, de la mitología astronómica, y practicaba la más profunda moral; compuso cuatro obras bajo los títulos de: Evangelios, Capítulos, Misterios y Tesoros. Ferbulio, su discípulo, heredó su fortuna y sus obras; se acentuó en Palestina, y buscó propagar la secta de los Magos; fue perseguido en Persia donde cambió de nombre, y se hizo llamar Buddas; los sacerdotes de Mitra lo siguieron persiguiendo y se retiró dejó una viuda y murió. Habiendo adquirido un esclavo esta viuda, lo adoptó y le dio el nombre de Curbicus; este joven hombre obtuvo una gran ciencia de los libros de Ferbulio y con su ejemplo, cambió su nombre al de Manès, que significa conversación; fundó la secta que lleva su nombre. Perseguido por el odio Cassan, Archelaüs, y del sacerdote Marcellus, se había retirado para escapar a un pequeño castillo llamado Arabion, sobre el río Strenga; pero fue denunciado por otro sacerdote llamado Triphon, al rey de Persia, que envió setenta y dos guardas para tomarlo; fue detenido sobre el puente del río Strenga, al momento que se entregaba a un burgo vecino llamado Diodoride.
El rey lo condenó a ser desgarrado vivo. Después de su muerte, el número de sus discípulos aumentó considerablemente; su doctrina ganó adeptos de entre las inteligencias más elevadas, se sabe que San Agustín ha sido Maniqueo, la filiación de los Maniqueos con respecto a los doctores de la antigüedad es comprobada por un hecho que no ha sido observado. La iglesia católica les reprochaba el creer en dos principios, y por consiguiente en dos dioses; el reproche era injusto, pues, por esta enseñanza, sólo seguían las tres gradaciones prescritas en Egipto para la enseñanza:
1. El dualismo, creencia en los dos principios;
2. El zabaotismo, adoración de las fuerzas de la naturaleza;
3. El jobaismo, el culto a un dios único, soberano. Independiente del mundo material.
No
predicaban pues el dualismo como la doctrina verdadera, pero como la vía a
recorrer para llegar a la manifestación de la verdad completa. Después de
varios siglos, los Caballeros Templarios abrazaron esta doctrina, y de ella
celebraron sus misterios en el más profundo secreto; tomaron por ejemplo el
nombre de Hijo de la Viuda, y simbolizaron su muerte bajo el nombre de Hiram,
arquitecto del Templo de Salomón.
Llegados a la Orden del Temple, vemos la historia de la Masonería aclararse y
ponerse más cierta. El Temple no fue la cuna de la Masonería, pero fue la más
noble expresión de ella; conservó de ella, a lo largo de su brillante carrera,
la fuerte unidad y después de su destrucción, podemos seguir las ramificaciones
que fraccionaron la Masonería.
¿Pero de quién habían recibido los Templarios el conjunto de la ciencia
masónica? De los HH.·. de Oriente, cuyo fundador era un sabio de Egipto con el
nombre de Ormus, convertido al cristianismo por San Marco. Ormus purificó la
doctrina de los egipcios, según los preceptos del cristianismo. Al mismo
tiempo, los Esenios y otros Judíos fundaron una escuela de ciencia Salomónica,
que se reunieron con Ormus. Los discípulos de Ormus, hasta 1118, quedaron como
los únicos depositarios de la antigua sabiduría egipcia, purificada por el
cristianismo y la ciencia Salomónica. Esta doctrina, la comunicaron a los
Templarios, entonces fueron conocidos con el nombre de Caballeros de la
Palestina o HH.·. Rosa Cruz de Oriente; estos son los que el Rito de Memphis
reconocen por fundadores inmediatos.
En 1150, ochenta y uno de ellos llegaron a Suecia, bajo el conducto de
Garimont, y se presentaron al arzobispo de Upsal, que recibió de ellos el
depósito de los conocimientos masónicos. Fueron estos ochenta y uno albañiles
quienes establecieron la Masonería en Europa.
Después de la muerte de Jacques de Molay, los Templarios escocés, supuestos
apostatas, a la orden del Rey Robert-Bruce, se colocaron bajo la bandera de una
nueva orden instituida por este príncipe, y en ella las recepciones se basaron
en la Orden del Temple. He aquí lo que hacia falta buscar del origen de la
Masonería escocesa, y de los otros ritos masónicos. Los Templarios escoceses
fueron excomulgados, en 1324, por Harminius.
Esta fecha concuerda con aquella dada por el H.·. Chéreau, de la separación de
los Masónes de Edimburgo de los de Memphis, operada en 1322, es decir dos años
antes.
Los últimos quedaron fieles a las antiguas tradiciones; los otros fundaron un
nuevo rito, bajo el nombre de Heredom y Kilwinning o de Escocia.
He aquí pues, desde el fin del siglo catorce, los dos ritos existentes, el Rito
de Memphis o de Oriente, y el Rito Escocés. Uno y otro siguieron haciéndose de
partidarios en todas partes de Europa...
ANTIGUOS MISTERIOS MASÓNICOS DE MEMPHIS.
Los misterios estaban divididos en dos clases, menores y mayores.
Los misterios menores tenían como objeto el instruir a los iniciados en las
ciencias humanas; la doctrina consagrada estaba reservada a los últimos grados
de la iniciación; es lo que se llamaba la gran manifestación de la luz.
Entre el conocimiento de las ciencias humanas y el de la doctrina sagrada,
había grados simbólicos a recorrer.
Todos los misterios rodaban sobre tres puntos principales. La parábola, las
ciencias exactas y la doctrina sagrada. Del primer objetivo se pasaba al
segundo sin intermediario; pero llegado a este segundo grado de la iniciación,
había largas preparaciones que callaban el objetivo de otros tres grados
simbólicos: el primero finalizaba y completaba los misterios menores, los dos
otros abrían los mayores.
Era sólo en el primer grado simbólico, el tercero de la iniciación, que las
fábulas eran expuestas, y siguiendo los otros dos grados, se ejercitaba el
penetrar en el sentido de estas fábulas, y se hacía digno de la gran
manifestación de la luz.
La división general comprendía las preparaciones, los viajes y los símbolos, la
autopsia. Las preparaciones se dividían en dos clases; el primera tenía para
título simbólico la palabra sabiduría, y para objeto allí moral; los iniciado
se llamaban Thalmédimites o discípulos. —El segundo tenía para título simbólico
la palabra fuerza, y para objeto las ciencias humanas: las inicias de este
segundo grado se llamaban Hébérimites o asociados. Los viajes y símbolos se
dividían en tres clases: En el primero, llamado de exequias, los iniciados
llevaban el nombre de Mourehemitas. En el segundo, llamado la venganza tomaban
el de Bherimites, y en el tercero, llamado de emancipación, eran los
Néscréritês.
La autopsia era el gran complemento de la iniciación, la coronación del
edificio, la llave de la verdad.
La
iniciación consistía en la dogma del Monoteísmo, que se declaraba a los grandes
iniciados; es decir que no había más que un solo Dios.
La dogma de las penas y de las recompensas en un antro de vida era profesada en
los pequeños misterios.
El Panteísmo ha sido la religión de la antigüedad; la palabra Panteísmo viene
de dos palabras griegas una que significa todo y la otra Dios, es decir que
todo es Dios.
El Hierofante presidía los misterios y representaba al sublime Arquitecto de
los mundos, Dios.
Los misterios del Rito Masónico de Memphis que en los tiempos primitivos
comprendía sólo siete grados, cuenta hoy 95 grados; ya que en el estado actual
de nuestras costumbres, es imposible que los Ritos Masónicos sean constituidos
de manera que todos sus miembros sin excepción puedan tener un conocimiento
completo de los Secretos Masónicos tal y como deberían ser revelados en el
séptimo grado; se debería para ello restablecer el noviciado y poner para el
paso de un grado a otro los mismos plazos y las mismas precauciones que los
antiguos misterios, el estado social actual se opone a esta marcha regular y
racional, la Masonería, ha debido pues refugiarse en los grados superiores.
Subrayados y adaptación realizada por la AEMRD
Nota:
Jacques-Étienne Marconis de Nègre (también conocido como Jean-Étienne Marconis de Nègre) fue un destacado escritor, militar y francmasón francés, famoso principalmente por ser el fundador y principal difusor del Rito de Memphis en 1838, uno de los ritos egipcios más influyentes de la masonería oculta y esotérica.
Nació en Montauban el 3 de enero de 1795 y falleció en París el 21 de noviembre de 1868.
