Como
miembro activo de la logia «Unión del Plata», y honorario de la «Amiga
de los Náufragos,» creo poder interpretar los sentimientos que nos animan,
en esta sesión magna, por el reconocimiento que hace de la autoridad
independiente de nuestro Grande Oriente, el grande Oriente de la Francia.
Séame
pues permitido, contando con vuestra indulgencia, exponer algunas ideas
relativas a la Masonería, en las circunstancias actuales.
¿Debe
aspirar la masonería a la dirección espiritual de la humanidad y al gobierno de
los pueblos? –¿O debe tan sólo limitarse a la repetición de sus fórmulas, a
iniciaciones más o menos numerosas, y a la práctica de la beneficencia?
¡No!
–La masonería es algo más que la inteligencia de sus símbolos, órganos sagrados
que nos ponen en comunicación con el pensamiento y el alma de las más remotas
generaciones; cuando encarnaban en los signos que reverenciamos, la concepción
de Dios, y de la arquitectura del universo que salió de sus manos. Si a esto
sólo se limitase nuestro trabajo, seríamos una asociación de arqueólogos, pero
no una sociedad que aspira a conservar, a transmitir y a desarrollar el
testamento sagrado de la revelación primera y universal que estalla en toda
inteligencia, para hacer germinar la virtud en todas las esferas de la vida.