El Grande Arquitecto del Universo ha construido su templo que se llama inmensidad. La inmensidad poblada respira en su seno; y todo ser, desde el átomo hasta el Sol, son piedras inseparables del monumento sin límites que suspende en sus bóvedas los sistemas de los mundos, como un discurso de centellas, que revela un pensamiento, un sentimiento y una voluntad suprema.
A donde no alcance el telescopio, la razón alcanza; y en toda parte de la inmensidad, en todo momento de la eternidad, se ve la misma ley, la misma medida distribuyendo el movimiento, las mismas columnas sosteniendo el peso del firmamento visible, del firmamento invisible y de todos los cielos posibles que la razón proyecta más allá de los espacios.




