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miércoles, 1 de abril de 2026

Francisco Bilbao: IV Discurso masónico


El Grande Arquitecto del Universo ha construido su templo que se llama inmensidad. La inmensidad poblada respira en su seno; y todo ser, desde el átomo hasta el Sol, son piedras inseparables del monumento sin límites que suspende en sus bóvedas los sistemas de los mundos, como un discurso de centellas, que revela un pensamiento, un sentimiento y una voluntad suprema.

A donde no alcance el telescopio, la razón alcanza; y en toda parte de la inmensidad, en todo momento de la eternidad, se ve la misma ley, la misma medida distribuyendo el movimiento, las mismas columnas sosteniendo el peso del firmamento visible, del firmamento invisible y de todos los cielos posibles que la razón proyecta más allá de los espacios.

Francisco Bilbao: III Discurso masónico


La M… desfallece entre nosotros. ¿Por qué?

¿Debe desfallecer?

¿Ha por ventura desaparecido el mal de la superficie de la tierra? –¿No hay ya miseria que aliviar, caídos que rehabilitar? ¡Ignorancia que disipar! –¿No hay ya guerras nacionales ni civiles que extinguir, que aplacar discordias, anarquías o despotismos que combatir? –¿Han desaparecido los errores fundamentales que dividen las creencias de los pueblos engendrando la separación y los odios?

–¿No hay bárbaros y salvajes que civilizar, esclavos que redimir, –multitudes ignorantes que es necesario elevar a la categoría de hombres libres? –¿Está el mundo tan uniformado en religión y política, que la verdad no necesita propaganda y sacrificios? –Y para reasumirlo todo en una palabra, –¿Resplandece el bien, o impera la virtud en la mayoría de los hombres?

Francisco Bilbao: II Discurso masónico


Nada nuevo, hermanos. –Dogmas o principios, tradiciones o esperanzas que se os enseñen, todo eso puede seros en parte conocido y tiene su origen en las ideas necesarias que nacen, con el hombre, y que la ciencia desarrolla.

Acordaos del proceder Socrático. 

–La enseñanza de Sócrates se reducía a descubrir, a ayudar, a revelar en el alma misma del discípulo, los gérmenes que el verbo eterno allí depositara, –y es así, como después esa enseñanza ha venido a ser corroborada por el texto magnífico con que San Juan abre las puertas del Evangelio: –Era la luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo. Esa luz, él mismo lo dice, era la participación de la eterna inteligencia.

Francisco Bilbao: I Discurso masónico


 Como miembro activo de la logia «Unión del Plata», y honorario de la «Amiga de los Náufragos,» creo poder interpretar los sentimientos que nos animan, en esta sesión magna, por el reconocimiento que hace de la autoridad independiente de nuestro Grande Oriente, el grande Oriente de la Francia.

Séame pues permitido, contando con vuestra indulgencia, exponer algunas ideas relativas a la Masonería, en las circunstancias actuales.

¿Debe aspirar la masonería a la dirección espiritual de la humanidad y al gobierno de los pueblos? –¿O debe tan sólo limitarse a la repetición de sus fórmulas, a iniciaciones más o menos numerosas, y a la práctica de la beneficencia?

¡No! –La masonería es algo más que la inteligencia de sus símbolos, órganos sagrados que nos ponen en comunicación con el pensamiento y el alma de las más remotas generaciones; cuando encarnaban en los signos que reverenciamos, la concepción de Dios, y de la arquitectura del universo que salió de sus manos. Si a esto sólo se limitase nuestro trabajo, seríamos una asociación de arqueólogos, pero no una sociedad que aspira a conservar, a transmitir y a desarrollar el testamento sagrado de la revelación primera y universal que estalla en toda inteligencia, para hacer germinar la virtud en todas las esferas de la vida.

Francisco Bilbao Barquín: escritor, filósofo, masón y político chileno

Francisco Bilbao Barquín


Nació en Santiago el 9 de enero de 1823. Sus padres fueron Rafael Bilbao Beyner y la dama argentina Mercedes Barquín Velasco.
En 1834 la familia fue exiliada a causa de que el padre era un activo opositor al ministro Portales. Vivieron en Perú y, en 1839, pudieron regresar. A partir de entonces, Francisco Bilbao comienza a estudiar en el Instituto Nacional siguiendo estudios de Derecho, los que no completó, ya que –siendo estudiante– publicó un artículo anárquico y anticlerical titulado “La sociabilidad chilena”, que generó gran escándalo y que lo llevó a enfrentar un juicio público por blasfemia además de pagar una multa. La controversia, en cierta forma, lo dejó estigmatizado socialmente por lo que decidió salir del país para instalarse un tiempo en París. Allí, se inició en las ideas liberales de Lamennais, Quinet, Michelet y otros intelectuales que le imprimieron mayor fuerza y convicción a su temperamento revolucionario.