¿Te has dado cuenta de que cada acto que llevas a cabo, cada emoción que te embarga y cada pensamiento que emites repercute, constructiva o destructivamente, en tu salud, en tu ambiente y en tu destino? En el universo de Dios nada se deja al azar. Y nosotros, como seres en evolución, somos los causantes de todas las cosas, buenas y malas, que nos suceden en la vida. No nos es fácil darnos cuenta de nuestras flaquezas, penas ni dolores, ni de nuestras virtudes, talentos y alegrías, aunque es cierto que siempre cosechamos lo que sembramos, en cumplimiento, siempre justo, de las Leyes de Causa y Efecto y de Renacimiento. De manera que, si nuestros males se han creado a sí mismos mediante actos, deseos o pensamientos erróneos, tienen necesariamente que poder también curarse a sí mismos mediante actos, pensamientos y sentimientos correctos, lo que nos permitirá vivir en íntima armonía con el Plan Divino y acercarnos más a Dios, fuente de toda vida.











